La mayor parte del agua que John Huston bebió en su vida estaba destilada y se llamaba Canadian Club, Johnnie Walker o Jim Beam. No extraña que los genios de la publicidad le reclamaran que aportase su cara de crápula guasón en campañas de esas marcas. Supongo que de haber estado vivo su buen amigo Humphrey Bogart habrían hecho una pareja imbatible en el peligroso oficio de amontonar botellas vacías de whisky bueno. A falta de Bogey, bueno es Hopper, debió pensar Huston. De Ford se sabe que jamás bebía en los rodajes, dejando la ingesta alocada de whisky para la intimidad. Era, lo leí hace tiempo, "un alcohólico con buena conciencia". Debió haber entendido como pocos la ceremonia de las tabernas, el rito de abrir una botella y llenar unos buenos vasos. Sus westerns están rociados de whisky y de balas, de amor por la vida y sobre todo de pasión por la épica. Ya no épica o la hay de un modo que detestarían estos tres nobles difuntos. El corazón irlandés de Ford (el decimotercer hijo de una pareja de emigrantes establecida en Maine) debió mandar a paseo a la excéntrica visita, pero en lugar de eso los metió en su cama y permitió que Victor Skrebneski, el fotógrafo con el que venían de realizar los anuncios para Jim Beam, fijara ese instante imprescindible en la memorabilia de todo buen cinéfilo. Cuenta Dennis Hopper que John Huston le dijo al maestro que tenían el permiso de su esposa para que pudiera levantarse, sentarse en su silla de ruedas y hacerse una fotografía en fuera de la casa, en un lugar más exhibible. Ford, achispado por el olor del whisky, les dijo que carecían de sentido del drama. Que si lo tuvieran se harían la foto en la cama. John Ford ya no salió de esa casa, en Palm Springs, California. Murió dos años más tarde. No tengo ni idea dónde están enterrados los improvisados amigos del whisky que le visitaron ese día, pero sí sé dónde está John Ford ahora mismo. Está en Monument Valley. En ese territorio mítico filmó La diligencia, Fort Apache, La legión invencible y, sobre todo, Centauros del desierto. John Wayne, al que hizo irlandés en El hombre tranquilo, también debe estar allí, entre los monolitos de piedra roja (mittens), en la verdadera tierra prometida.
posdata dos: Lo de John Ford, John Ford y John Ford fue lo que dijo Orson Welles cuando le preguntaron qué tres directores clásicos le habían marcado. Acababa de filmar Ciudadano Kane.




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