20.9.11

Mentiras librescas


La imaginación no es la mentira: lo leí ayer en un diario a propósito de un libro recién salido a la venta. No alcanzo a recordar de quién, sí la sentencia firme sobre la naturaleza misma de la creación, sobre el hecho de fabular, de hacer que la ficción sea el motor que mueve el mundo. Y no lo es en modo alguno. Ganan los mercados, la voluntad de vender y la voluntad también de comprar. Piensa uno que la vida se resume en ese trueque precario. Basta mirar la estantería de libros que tenemos en casa y comprobar cuántos de esos libros todavía no han sido leídos.

El territorio de lo mentido trae una extensión moral que la imaginación desconoce. El escritor, no obstante, es el gran embustero, el mentidor sublime, es el que desoye la verdad y negocia con el diablo de las mentiras en beneficio de la trama. El lector, incluso el más inocente, el menos integrado en ese pacto tácito, agradece esa manipulación. Ya hay suficiente verdad afuera, parece decir. Pero paradójicamente hay más verdad en la literatura que en la vida. El escritor llega más lejos y llega más hondo manejando mentiras. El basado en hechos reales no da confianza: la fidelidad sin quebranto a lo real resta emoción o belleza o ambas al tiempo. La verdad carece de intriga. Lo que es cierto o se empeña en demasía en no contradecir a la verdad no nos interesa tanto. De todos los géneros es el biográfico el que siempre me interesó menos. Será por eso. Porque miente poco.

4 comentarios:

Marta García Cuesta dijo...

Está bien que un buen lector como eres tú diga que tiene en casa libros sin leer. Yo tengo muchos y siempre me dio un poquitín de vergüenza admitirlo. Tengo "La montaña mágica" desde hace yo que sé cuanto y no me ha dado todavía el volunto de arrancarla, Emilio. ¿Soy mala, soy una lectora de segunda? En cuanto pueda la abro y me tiro de cabeza, ea.
Saludos, valiente.

Ramón Besonías dijo...

La política, la economía, la geoestrategia, también son géneros difusos de ficción, relatos mediáticos que dan miedo, hacen reir, soliviantan al personal, y un puñado más de emociones que buscan mover espíritu y mano hacia las urnas.

No es lo mismo "mentira" que "ficción". La ficción no engaña; desde el principio deja claro que todo es un juego de verosimilitud, una epojé en la que tiempo, espacio y juicio se suspenden a mayor gloria del guión. Lo triste es que hace tiempo que a los políticos se les cuela el micro en el plano, haciendo de la película un mal ensayo de sí misma.

Joselu dijo...

No hay género más lleno de impostura que la autobiografía, más lleno de falsedad intencionada y también inconsciente, mas reconstruido y arreglado para ofrecer un guión coherente y organizado de algo que carece de cualquier sentido salvo el que construimos artificialmente. Nuestra supuesta autobiografía es una obra de completa ficción. Por ello, nada mejor que utilizarla como un marco de juego, la llamada autoficción. No hay escritor que no utilice parcial o completamente su ficción biográfica para pergeñar sus obras supuestamente inventadas. La película El árbol de la vida es una muestra de ello, de cómo se puede mostrar la propia vida haciendo de ella una obra poemática. Por cierto, es una película que no deja posturas intermedias: o se la ama o se la odia.

No es la vida propia la que envilece la obra de ficción, es el tratamiento de la misma que puede ser tosco o exquisito con todas las gradaciones que quepan.

Y a mí sí que me gustan las autobiografías porque entiendo en ellas esa realización de la vida como obra con sentido, cuando lo cierto es que no sabemos nada, no entendemos nada y vamos caminando como zombies en un parque temático creyéndonos personajes epopéyicos aunque tal vez no pasemos de la talla de guiñoles.

Francisco Machuca dijo...

Me rio de las novelas que ahora se anuncian "basadas en hechos reales",como si lo importante fuera esa sujeción a la supuesta realidad.
No me parece correcta la novela de ideas. Prefiero a los novelistas que tienen el talento implícito en su obra, pero no explícito. No te deslumbran ni por las ideas, ni por la lengua, sino por la capacidad de fascinarte y atraparte con una historia. En la novela se ha metido demasiado intelectual.

Un fuerte abrazo,amigo.