23.9.11

Collapse into REM





El universo es el que se colapsa. Lo de R.E.M. fue simplemente una premonición que se ha visto cumplida meses después cuando Michael Stipe ha cerrado la banda. En cierto modo uno entiende que las cosas que nos entusiasman acaben. Hay asuntos de otra hondura sentimental (más trascendente y de más poso en el alma que la música de una banda de rock) que dan el finiquito y el mundo sigue girando, pero no deja de ser razonable que el corazón se te venga un poco abajo y pienses: "No habrá más discos nuevos de R.E.M. nunca, perderé la emoción reconocible de desprecintar un álbum y dedicarle unos cuantos días para sacarle todo el jugo, el jugo bueno y el jugo malo". Apunte: Desprecintar es un verbo que puede ser sustituido por otro que el lector cómplice decida a beneficio de su causa. Porque R.E.M. hicieron discos fantásticos (Green, Automatic for the people, Out of time) y discos lamentables (Around the sun, Up). Subsisten las canciones, el empeño en hacer básicamente un rock asequible (en su mayor parte) y ser en todo momento, incluso en los malos, gente creativa, concienciada en la labor de las estrellas del rock para hacer de este mundo uno mejor, más llevadero, menos injusto. 
La Warner les pagó 80 millones de dólares por cinco discos y sacaron los cinco peores discos de su carrera, los que menos ventas produjeron. Los que no le dieron la espalda fueron los fans acérrimos. R.E.M. tenía una legión de adeptos viscerales al modo en que lo tienen solo unos cuantos grupos en la historia del rock. No fueron (como algunos clamaban) la mejor banda del planeta, pero estuvieron durante casi tres décadas en lo más alto, en ese olimpo de vértigo y de fiebre que en ocasiones produce en quien lo padece el colapso que ahora han sufrido. Estaba cantado, nunca mejor dicho. Mi amigo Stipey (uno de esos fans de corazón) le ha dolido lo suyo, pero razona que todo seguirá su curso y siempre tendrá a mano la obra clásica, las piezas que le acompañaron durante una muy buena (y dichosa a su decir) parte de su vida. La mía ha tenido mucho R.E.M. de modo obsesivo. Etapas con Stipe en las orejas a tiempo completo y etapas en las que no me apetecía en absoluto escuchar de nuevo Drive o Losing my religion, dos de mis canciones favoritas. Salvo Kind of magic, ya saben, Miles Davis, no hay casi disco que resista el paso canalla de los años. Ninguno que no haya entrado en algún momento en colapso. Así que imagino lo difícil que debe ser mantener una banda treinta años y seguir en estado de forma, haciendo esos prodigios de una hora cada poco tiempo siempre y cuando que no pertenezcas a los Rolling Stones, claro. R.E.M. RIP, pero hoy me voy a colocar Green en los cascos y voy a disfrutarlos otra vez. Además es Viernes. Qué más podemos pedir.

5 comentarios:

Jesús Garrido dijo...

en efecto, haces como yo buena lectura y escritura, y si es viernes los cascos.

Ramón Besonías dijo...

Queda la música, el fruto cosechado. Siempre podremos quemar el disco hasta que sangre.

Hoy he escuchado, después de años, el "Nevermind" de Nirvana, contemporáneo de REM, pero de finiquito aciago.

Ramón Besonías dijo...
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Anónimo dijo...

Estas cosas no importan, en mi parecer porque siguen persistiendo los discos o los libros o las peliculas, asi que se hace voluntad de que los que se han ido, al otro mundo o al invisiblo mundo de la apatía artística, sigan dándonos la alegría de siempre.
REM es Out of time, Losing my religion, Shiny happy people...


Buen sábado, compañero.


Rafa

Emilio Calvo de Mora dijo...

Y lunes y martes, Jesús. Cascos a destajo. Tajo a descascos. Un saludo.

Sangran mucho, se renuevan, se ofrecen siempre, únicos, Ramon: hay discos que tienen toneladas de sangre vertible.
Nevermind: 20 años.
Me entusiasmó en su día. Compré en su lanzamiento el CD y escuché hasta el hartazgo Come as you are o Smell like teen spiritis, esos dos pelotazos grunge. Ahora me entra menos. Hace años que no lo escucho.

Rafa, cuánto tiempo.
Persisten, claro que persisten. Y los libros y las pelis. Están ahí para que no tengamos que aburrirnos. Qué cosa aburrirse, eh, Rafa? REM es Losing my religion, por supuesto. Recuerdo (como un amor adolescente) la primera vez que la escuché. Esas cosas pasan con algunas canciones.