20.5.11

Ghost in the machine

No sé si la realidad, a fuerza de mirarla muy de cerca, se pixela . Se lo pregunté al oráculo y me indexó un ciento largo de páginas en donde dar rienda suelta a todas mis fantasías cognitivas. He probado un par de ellas y he regresado a mi plácida oscuridad doméstica, desencantado. Un spam en mi correo me confirma la idea de que mi ip ha sido fiscalizada y no hay ahora blog que yo visite que no sea anillado, tabulado y considerado peligro potencial. Infiltrado en la realidad, uno tiene que guardar siempre las apariencias. El temor a ser descubierto. La creencia de que hacemos cosas terribles por las que tenemos que ser castigados. Así que cuando me obceco como sólo yo sé en mirar la realidad muy de cerca y descubrir si se pixela o no (macrobloques muy incómodos que perturban la visión nítida y pristina) procuro que nadie me observe. Anoche creí ver una niña con trenzas que me obsequiaba con una sonrisa, pero no es posible hacerse ilusiones. Hay niñas adoctrinadas que informan con prosa metódica y mucha mala leche de las actividades subversivas. La mía lo es en extremo. No se puede ir por ahí buscando el revés de las cosas, el lado oculto, los pliegues más retirados de la blonda. O se puede, pero bajo riesgo de que una niña con trenzas te sonría y archive en su memoria de delitos ajenos tu indiscreción. Entras en una página de filatelia y un anuncio de porno duro se cuela en tus cookies de modo que pareces un salido. Salidos andamos todos, le dije a mi amigo K. Salidos por interés. Entrado no me veo. Me siguen turbando las mismas viejas causas.

Hay niñas con trenzas por todas partes. Van solas y es casi imposible entablar un diálogo con ellas. No se dejan engolosinar con regalos ni se avienen a juegos ni a chanzas propias de la edad. K. ha observado que no hay vida en sus ojos. Yo no he visto ninguna tan de cerca. K. también se ha puesto tozudo en mirar la realidad muy de cerca. Caso de ver los píxels se confirmarían todas nuestras más terribles sospechas. Que el mundo tal y como lo conocemos ha sido suplantado por una creación infográfica. Hace un par de días encontré un recorte de periódico. Noticias de bolsa. Al cogerlo aprecié el mapa de bits. Códigos binarios como fantasmas agazapados en la máquina. K. me ha asegurado que en una ocasión le asaltó la imágen de un pixel muerto, uno sólido e incandescente, contagiando los píxels circundantes, invitándolos al sacrificio digital.
Desde que vi a la niña con trenzas duermo a saltos. Tampoco me ayuda la alergia, este muro que no permite el paso del aire de afuera. Reforzar la puerta y atrancar las ventanas no ha impedido que a veces imagine que los guardianes de la otra realidad (ignoro cómo llamarlos, espero no tener que averiguarlo, tampoco tengo a mano Walter Bishop) ya están en mi casa y cuidan que no alarme a la población con mis conjeturas. K. tiene desconectado el router. Apenas sale de casa. Atiborrado de libros, disfruta de una porción de realidad sin contaminar, pura como el sueño de los ángeles. No sabe qué cosa el tweeter. Qué el facebook. Vive bien sin la injerencia de la información. Dice que le aturde este abuso. Que le apesadumbra en extremo. Que nada de lo que afuera sucede posee un interés que le distraiga de sí mismo. Encapsulado, acapullado, desintoxicandose poco a poco de todo esa tralla de bits que ha ido acumulando hasta que un día comprendió lo inútil de la travesía. K., recapacita, le digo. Hazte una cuenta en facebook. Tendrás cien amigos en una tarde. Les contarás el ruido que hace tu cerebro cuando lees a Musil.

Yo ahora oigo constelaciones, percibo la trama secreta de Dios en el latido infinitesimal de cada píxel, escucho la música de todos los arcanos del mundo, advierto en la respiración de mi Heráclito, mi perro, levísimos ruidos que parecen engranajes de una maquinaria que no ha ensamblado como diseñaron. Ni ladra como hacía. Se me acerca y me olisquea, cercano, pero hemos perdido la ternura de antaño. Cuando termine de escribir este post, desconectaré mi router. Lo miraré como se miran los objetos vacíos. Pensaré que es un vestigio de un vicio vencido. Un vicio, al vencerse, se convierte en un dolor profundo en el costado. Un vicio, al superarse, desaloja el placer y crea una capa gris de rutina que sólo puede ser retirada con la instalación de un vicio nuevo. 

No seré capaz de apagar el router. Me embeleso viéndolo parpadear. Leds convulsos. La vida también discurre dentro de la máquina. Los fantasmas son familiares: no dan miedo, apenas perturban mi ocio doméstico. Incluso aletean, cómplices, cuando escribo. Me da la impresión de que todo ha sido una congestión digital. Me recupero. Insisto en los mismos precarios placeres. Todo se deja llevar por la misma enfermiza rutina de links. Hace diez años no tenía ni puñetera idea de lo que era un link o un blog o un post. Dentro de diez años no usaré el castellano, a este paso. Transcribiré mis emociones en base a algún código algebraico, ceros y unos. Algoritmos en vez de metáforas. El formato es lo de menos, dice K.Su oráculo es todavía una balda sobre la que descansan los títulos memorables de Castalia. Igual no se está perdiendo nada en ese dar la espalda suyo que a veces me irrita tanto.


5 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Internet como un Gran Hermano orwelliano que todo lo ve, omnipresente, omnisciente, omnicoercitivo. Tu sueño distópico es en parte una realidad de la que nadie dice ser verdugo ni víctima. Como la física dinamíca, solo se confirma por sus efectos.

Buen fin de semana, amigo.

Julia Perea y otro más dijo...

Como la buena literatura, se disfruta leyendo. Leyendo

Pedrodel dijo...

Me duele.
Saber que cualquier paso, cualquier desliz, que la más veloz y nimia de mis visitas a la ventana de este polifemo, que entre todos alimentamos, queda guardada, registrada y custodiada por el estómago de otro artilugio, y que podrá ser utilizada en mi contra hasta el día del juicio universal, me duele.
No obstante, admiro la osadía de ser capaz de dejar a diario, y a los ojos de todos, tu particular visión del mundo.
Si no eres capaz de dejarlo sin vida, proponte, al menos, abandonarlo parpadeando un rato, sin sentido.
Te lo mereces.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Es el pulmon y somos su aire. Cómo huir. Liberarse es encontrar otra esclavitud distinta. Ésta al menos hace amigos, respiras otros ámbitos, conoces otros territorios. Buen fin de semana, Ramón, atento amigo.

Pues a leer, los dos, a leer. Gracias por venir.

Claro que es dolor lo que sale de dentro de la máquina. Te complace, te ofrece placeres, pero saca su peaje, Pedro. Entramos, escribimos, leemos, vemos, soñamos, y todo ese inventario caótico de los placeres que nos hacen movernos quedan como extremadamente bien atinas a decir custodiados en el estómago de otro artilugio, utilizado quién sabe si en contra o a favor. No lo sabemos porque no podemos saberlo. Ya sabemos que el azar es lo inaccesible, lo insondable, lo que no se aviene al dictado de la razón, al comunicado de prensa de la lógica.
Dejarlo en vida... No sé. Me propongo, al menos, no perder el hilo de las cosas de lo real. Esto es virtual, pero engancha, ya sabes. Produce (ya lo sabemos) adherencias, querencias. Gana uno a poco que se deje. Yo he ganado ya muchas cosas buenas con esto de registrar a diario (dos mil y pico posts, miles de comentarios) mis cuitas, mis desvelos, mis ocasionales abrazos conmigo mismo. Será que me quiero mucho y que busco inefablemente el amor de los demás. Hoy estoy sentimental. Excúseme y disfrute del weekend lejos de la pizarrica digital de marras. Lo de Cristiano hoy te ha dejado k.o. ¿Cierto?

Miguel Cobo dijo...

¿No estaría Juan Marsé pensando premonitoriamente en nostros cuando escribió "Encerrados con un solo juguete?

Empiezo a notar ciertos síntomas de agotamiento.

Buen fin de semana, amigos.