2.5.11

Descabezando el mal


Hoy apiolaron al que lo arrojó. Poética o no, hubo justicia.

8 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Ilusión de justicia. Máscara política. Placebo aliviador. Chivo expiatorio (recurrente, merecido, sí, cómo si no). El poder desafloja la soga con la que aprieta al mundo. Caramelos para la ciudadanía. Hambre para mañana.

Por cierto, ¿dónde está el cuerpo? Quiero una foto. Ya puesto, que el show esté completo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

The show must go on. Pan y circo. Todo eso arracimado, convertido en una pasta digerible, Ramón. Me quedo con la ilusión (poética, no sé) del descabezamiento de la pieza mayor. De una pieza mayor. No cabe desatender estos indicios de normalidad. No era normal la insistencia en el tiempo, toda esa larga travesía de ocultamientos, de cuevas en el desierto remoto, de imágenes pixeladas ofreciendo un fantasma.
El cuerpo es la segunda parte de la trama. Coming soon on a theatre next to you.

Cristina Gómez Arroyo dijo...

Pues en mi opinión lleva más razón Ramón que un santo (cristiano), no un beato, quiero decir. Bromas aparte, centrándonos, es una ilusión de justicia, bien dicho, una máscara, la forma de los gobernantes de contentar a los que están por debajo y así continuar la legislatura más flices, son tanto agobio de las masas enloquecidas, de los parados, de los expoliados, de todos los parias de la sociedad...
Ojú, me he liberado.
Buenas noches a todos. Para ser
mi primera entrada a este blog, que leo de veze enc uando, me ha salido del tirón y hasta me ha gustado.
Espero no molestar.

Miguel Cobo dijo...

No hay que confundir justicia con ajusticiamiento. Hay más de los segundo en el caso que nos preocupa(ba). Se me antoja más estilo Bush, el Wanted del Far West. Y como en una canción "unos de fiesta, otros de duelo".

Llueve sobre mojado.

Olga Bernad dijo...

Es todo raro. Está muerto pero no hay cadáver. No sé. Al mal le pasa como a esa culebra contra la que luchaba Hércules, que por una cabeza que le cortaba el pobre hombre, a ella le crecían dos. To be continued...

Anónimo dijo...

Bendita la hora que lo apilaron porque hizo mucho daño, pero vendrán más y con ganas de venganza. Lo dicen con razń hoy todos ls periódicos. Nada nuev bajo el sol.
Perdna tengo el teclaxdo un poco enfermo.

Ana

Joselu dijo...

Veo niños y adolescentes paladeando la muerte de Bin Laden como si fuera algo propio. Cuando les oigo preguntar a sus padres, igual que me preguntaron mis alumnos, sobre si me alegraba por su muerte, me siento incómodo y siento a los padres también que no saben qué decir. Parece como si se abriera una brecha entre nuestras creencias éticas y nuestros deseos más ocultos de venganza. La pregunta de un niño sobre esto es de lo más desazonador que he oído últimamente, y ayer no supe qué contestar en clase ante el entusiasmo de muchos de mis alumnos por la noticia de su ajusticiamiento como en tiempos de la horca y los tribunales del pueblo. No es una sensación única sino que la he compartido con otros compañeros. Sigo sin saber qué pensar.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Bien eso de liberarse, Cristina. Sí que lleva Ramón razón (razón Ramón). Suele.
El acto de hoy ha sido, aparte de bélico, mediático, por supuesto.

De hecho iba a llamar el post algo así como Ajusticiar en prime time. Lo que ha ocurrido es que descabezaron la hidra mala: ha ocurrido que se han liberado del fantasma. Me parece doloroso el juego posterior: la idea de que la violencia se legitima y se jalea como si fuese palabra. No lo han detenido. No lo han llevado a Guantánamo. Lo han despiezado. Arrojado al mar. Para no convertir su tumba en Graceland, Miguel. Eso.

Sí, Olga. No hay nada de normal en esta caza. El final de la trama es el previsible, pero parece que no han robado una parte de la trama. Un abrazo.

Habrá respuestos.
No sabemos cómo vencer al mal porque se perpetúa y gana adeptos conforme se le va desmembrando.

Eso mismo he pensado hoy yo, Joselu. Cómo es posible que se convierte esto en espectáculo. Si conseguimos entusiasmo en la recreación del castigo, mal vamos. Muy mal vamos, afirmo.