29.7.23

Elogio del azul del mar


 Playa de La Concha, San Sebastián. Fotografía: Francisco López (Pincho) 

El azul del mar inunda mis ojos. 
(Germán Coppini) 

Este año aún no he visto el mar, pero pienso en el mar y lo escucho a diario. Más que el azul del cielo al rivalizar con el del agua, el mar es el azul de la memoria. Ella compone el tremolar de todos los colores posibles. Su rumor es sinestesia pura, preludio y vigencia y clausura de todo lo bueno que el alma acune en su interior. La contemplación del mar avitualla de luz para cuando irrumpa el gris de las sombras. Su música es la del corazón, su melodía es la del tiempo como sangre azul, loca y feliz por el tumulto del tiempo. El mar es una ola que no descansa. No hay nada que reemplace la visión del mar. Es una catedral azul y eterna. El mismo cielo se embelesa cuando la observa. Las nubes son la marea del aire. 

Hay reinos pequeños de los que somos reyes, refugios absolutos a los que acudir con la hermosa idea de perdernos. Lo de perderse sigue siendo una pretensión fascinable, una a la que no damos casi nunca asiento, en la que fantaseamos y donde creemos que estaremos bien, pero basta perderse un instante o varios y no sabe uno cómo estabular esos datos. Zambullirse en el mar y alejarse, a nado, ahondando en la distancia, da una visión muy precisa de la vida que discurre en la costa, en el interior. Anda la cosa corrompiéndose, por muy vista, por nuestra, y a veces uno necesita un reino del que ser rey, un lugar en el que dejarse llevar. Nada como el mar para adquirir esa invisibilidad, ese desvanecimiento. Luego está la vuelta, la vuelta feliz a la tierra , que es donde tenemos el placer de lo amado, pero el mar, ah el mar, el mar nos limpia, el mar nos despeja, nos hace mejores incluso. Me ha hecho feliz pensar en todo esto. La lluvia nos conduce al mar. Como una madre a la que vemos amamantar a su hijo y nos conduce a la nuestra. Igual que el fuego anticipa la ceniza y lo oscuro la eclosión de la luz, el mar es un preludio del alma. El mar es el paisaje del alma. Azul, el alma. Como un cielo privado. 

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