18.5.21

Dietario 118

 "Al que hace ruido se le concede el crédito que se niega a quien habla sin levantar la voz"

Joseph Roth


Al abrigo de la ignorancia, frivolizando el error, han crecido personajes populares a los que la sociedad les ha dado tribuna desde la que contar a los demás su triste biografía. Se apremian los mediocres a contarse la titularidad de tal o cual mequetrefe en no sé qué tribuna y hurgan con admirable eficacia en sus proezas amatorias o en su últimos devaneos con el fisco o vaya usted a saber qué atropello narrativo con el que amenizar el tedio de las tardes en casa. No sé dónde empieza el extravío: si en el propio tonto que de pronto observa cómo su estulticia llama la atención, congrega público y hasta sienta cátedra o del listo que ve beneficio en la existencia del tonto. Nada nuevo en esa apreciación: la de que la inteligencia y la estulticia son partes de un todo común y, en ocasiones, se encuentran, se confunden, una precisa de la otra y hacen manitas y hasta roces de más fuste. Eran gritos el otro día, no una subida admisible de la fuerza en la voz o un leve repunte en el timbre: gritos, espeluznantes y sincopados gritos. Me quedé frente al televisor por ver si aquello acababa en sangre o se remansaba la trifulca. No pasó ni una cosa ni otra y el tono de gresca continuó a la alza, por lo que directamente (insatisfecho) cambié de canal. Prometí (lo diría por lo bajo o lo pensaría y lo recuerdo con nitidez ahora) no volver a entrar de nuevo. No se me escapa el pingüe rédito de esas escaramuzas de la educación, todos esos exabruptos pensados de antemano, confeccionados con artesano mimo. 

Oscar Wilde dejó escrito que sólo había una cosa peor que hablaran mal de uno y era que no hablaran en absoluto. Se me ocurrió que al diletante Wilde le encantaría estas frivolidades vespertinas de pubis efervescentes y braguetas sospechosamente quebradizas. Toda esa caterva de famosos hacen mucho daño. No nos damos cuenta de inmediato, pero advertimos el roto a poco que vemos cuál es el ideal de nuestros adolescentes, los que se engolosinan con ese escalafonato exprés que ocupa la parrilla de cierta nefasta programación televisiva. Pues por ahí va la educación en España. En el orgullo de estar en blanco, en la felicidad de vivir al día, en la simplicidad del ocio. La cultura es un lastre en ese negociado de la carne. No sé qué podrá hacer la escuela, qué los padres. Tal vez no podamos luchar contra ese monstruo. Se va a comer una parte relevante de la sensibilidad y de la inteligencia de la gente que va a gobernar nuestra vida en veinte o en treinta años. Esperemos que no. Sigue habiendo personal formal. Gente que estudia Arquitectura o Derecho o Biología. Ellos nos salvarán, no los pazguatos de los tatuajes y las hormonas reventonas debajo de la ropa de marca. Hay que reformar la escuela, sí, urge, además: hay que vender la felicidad de la cultura y hacer ver a quienes han sido intoxicados con la mediocridad que hay belleza en el esfuerzo, en el aprendizaje, en el sacrificio, en las horas ocupadas en aprenderse un tema, en llevar en el corazón el orgullo de haber alcanzado cierto tipo de magisterio en algo, en sentir que se nos hincha el pecho cuando nos dicen que nos hemos titulado en algo. Da igual qué, pero un título, algo homologado, que nos abra puertas y produzca en los demás ese sentimiento extraño de que un país progresa cuando cada uno da de sí mismo cuanto puede.  Joseph Roth, al que hace mucho tiempo que no leo, por cierto, lo explicó con esa salvaje eficiencia que en ocasiones tienen las palabras. 

1 comentario:

eli mendez dijo...

Como no acordar con lo que escribes aunque vivo en otro pais, pero a juzgar por lo que leo aquí y en muchas partes , nos asemejamos tristemente por estas cuestiones.
Creo que se puede "Salvar" un pais, un futuro, si se ponen "manos a la obra ".
Eso implica asumir compromisos educativos que deben comenzar en los hogares y no ser única responsabilidad de la educación sistemática que literalmente "no puede ni debe" asumirlos.
Creo que hay mucha comodidad, mucha pobreza de mentes, falta de iniciativa, escasa voluntad para el estudio y el trabajo.
Queda confiar en los que si "ponen garra, se salen de todo ese ambiente contaminante que ofrece la TV barata, apuestan al estudio y a desarrollar sus potencialidades sin olvidar los valores fundamentales para poder vivir dignamente en una sociedad que los practique en el dia a dia. Un abrazo y siempre un placer leerte.Buenas noches.

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