13.8.20

Las mascarillas no son un juego

Me contaron hace poco que el juego era la fiesta del mirar con ligereza, sin ahondar ni ensayar tragedias. Como cuando pequeños y el mundo carece de trascendencia y ni se sabe que somos jóvenes. Eso lo añado yo. Quien me lo dijo lo había leído, seguro. Suena a una de esas citas notables que uno deja caer en ocasiones especiales. Hoy debe ser la ocasión especial. En cuanto nos asalta el desencanto, dejamos de jugar, ingresamos en la edad adulta, la que nos malogra esa pureza idílica de lo lúdico. El juego festeja la vida. Jugar, en compañía o solitariamente, nos reconcilia con la felicidad o con la alegría . No la abandonamos del todo nunca, es cierto, pero no batallamos cuando la perdemos. Damos por hecho que quizá no la merecemos enteramente. Creemos que no es posible el regreso. No jugamos como debiéramos. Nos educaron para ir abandonando de forma paulatina el juego y todo lo que el juego trae bajo el brazo. A veces pienso que los males del mundo residen en eso, en que hemos dejado de jugar, en que no encontramos paz y nos dedicamos a jodernos sin miramientos. Joder es el juego. Dicho burda y abruptamente, solo estamos aquí para jodernos los unos a los otros. Unas veces con más fiereza que otras, pero no se me ocurre nada para que se me borre ese pensamiento. Está todo turbio. Ayer vi que muchos jóvenes no practicanan el juego de la mascarilla. Pasan de ponérsela. Gente joven que no saben que lo son. Descerebrados, déjenme desahogarme. No toda la juventud, por supuesto. Ensayan tragedias, propias y ajenas. No tienen derecho. Las mascarillas no son instrumento de ningún juego. El equilibrio global reside más que nunca en el que cada uno estipule para sí mismo y, caso de que ni ese prospere, el ajeno

1 comentario:

g dijo...

Una de las razones para no usarla, en el caso de esos jóvenes: el saber que juegan con la ventaja de la edad, que ellos no sufren todavía en grandes cifras ni contagios ni muertes. Por tanto, hasta que esos mismos jóvenes descerebrados no empiecen a matar a sus padres, hermanos, o amigos seguiran practicando su juego.

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