6.8.20

Una Leffe de abadía con sus alegres notas de caramelo belga (Texto con tres sentidas dedicatorias)


A mi hermano del alma Antonio Sánchez, alegremente recuperado de sus achaques...
A Rafa Padillo, al que siempre le concedo (aunque ahora no debamos) los más entusiastas abrazos.
A Paco García Gascó, ilustre gourmet contrastado.


Igual que en ocasiones para escribir un buen cuento solo necesitas una frase memorable, uno de esos comienzos perfectos que reclutan de inmediato el asombro y la fidelidad de quien ha comenzado a leer, los días precisan también su reclamo fantástico, el punto desde donde levantarlos, ese pequeño prodigio que el azar nos confía y sobre el que en ocasiones  el mundo gira y todo cobra un repentino sentido. Días encomendados a la alegría, días sin ningún inconveniente apreciable, días ganados al desencanto. El verano es una orquesta de cigarras. Las tardes de agosto son un pequeño reino de sombras en el que únicamente manda la pereza. Debo repetirme mucho, pero tampoco anda uno iluminado. Las palabras se resisten a que se las reclute y conciten la adhesión de quien las descifra. Me he abierto una Leffe rubia (con sus alegres notas de caramelo belga) y voy a festejar la intimidad antigua de mis vicios. 

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