1.1.14

Uno de enero

Tengo esta mañana un propósito muy firme. Consiste en despojarme de toda voluntad egocéntrica. Hacer el bien de forma absoluta. No caer en ningún momento en nada que, en mi beneficio, malogre el beneficio ajeno. Acabar el día con la conciencia muy limpia. Entrar en el sueño con la idea de que el corazón se ha limpiado también y de que la felicidad me ha visitado quizá por primera vez en la vida. Pero no sé cómo armar toda esa lista de intenciones nobles, con qué empezar, a qué abuelita cruzar la calle, con qué amigo sincerarme como nunca lo hice, qué periódico no leer para no encabronarme como suelo. Y salgo a la calle convencido de que tengo las palabras, incluso de que he encontrado el tono con el que escribir la novela, faltándome la trama, el hilo narrativo, todo lo que de verdad hace de la vida un asunto fascinante, pero no hay asidero fiable, no encuentro la voz con la que presentarme, se desvanece, se convierte en humo, que es la sustancia misma del texto. No me he tenido nunca por un héroe. No está la épica enredada en lo más acendradamente mío. Hace falta un brizna de épica. Solo obedezco a los voluntos del día. Solo me fascina la posibilidad de que no todo concluya en el texto.

9 comentarios:

Juan Alberto dijo...

Escucha, conozco a poca gente, a muy poca, que maneje las palabras como tú. No te enredes en tramas. Tienes lo que los escritores buscan, y tú, oh afortunadíisimo, lo tienes. Feliz año, Emilio...

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Honrado, Juan, por tus palabras, que son exageradas, y que jalea la amistad.
Buen año

Santiago González Sacristán dijo...

Emilio, en primer lugar, te deseo feliz año 2014. En cuanto a esta entrada y en cuanto a tus propósitos, te comento que no hay abuelitas x ni receptores x de tus fantásticos proyectos. Hay gente como tú y como yo deseando encontrarte en la calle o a través del ordenador o del móvil. No existe un destinatario concreto. Irás encontrándolos a medida que vayas viviendo cada experiencia, cada nuevo encuentro. No los busques de antemano, créeme, ellos irán apareciendo en tu vida. Sal a la calle, páteala, amplía tu círculo restringido, mira todo con ojos más abiertos, ofrécete sin miedo. Desde mi punto de vista, lo fundamental es el convencimiento de tu propósito solidario. A partir de ahí, a actuar y a no desfallecer en el intento. Tendrás errores, tendrás aciertos, fracasos, hallazgos simplemente, vivencias nuevas, encuentros que jamás habrías imaginado. En mi blog tienes mis inquietudes acerca de la ayuda a millones de seres humanos. Puede que los tuyos sean más modestos, pero eso es indiferente. Me gustaría que tu palabra y que tu acción llegara a cuantos más semejantes nuestros mejor. Porque, al final, serás tú el más beneficiado. Aumentará exponencialmente tu conocimiento sobre la realidad y desecharás periódicos que no informan, sólo buscan su beneficio empresarial. Por tanto, emilio, feliz 2014 porque vas a aprovecharlo para ayudar a los que te rodean y a los que antes jamás conociste. Tendrás a continuación mucho más sobre lo que escribir y, por fin, tus novelas serán reales, auténticas y aprovechables. Me tienes en mi blog a tu disposición y yo a ti aquí. Espero que sigamos en contacto.

Santiago González Sacristán dijo...

Oye, Emilio, perdóname por no dejarte el enlace con mi blog, en concreto con la entrada a partir de la que debes leerme (lo anterior es irrelevante saldo un par de cosillas que ya irás descubriendo si decides que te interesa mi mensaje): http://santiagonzalezescritor.blogspot.com.es/2013/10/borron-y-cuenta-nueva.html
Gracias por tu atención y feliz 2014 de nuevo y de viejo.

Sergio DS dijo...

Hay quien dice llevándolo al absurdo que la principal motivación por la generosidad el el egoísmo, el hecho de sentirse satisfecho al conseguirlo... mientras sea por eso, vale la pena.
¡Feliz año!
¡Feliz texto!

(También está entre mis felices propuestas)

Jorge J. Molina dijo...

"Y la vida nos sujeta porque precisamente" a pesar de tener las palabras, el tono restallando como un relámpago en la lengua y algunos símiles en la recámara todavía desconocemos la métrica del poema y si esta o aquella metáfora podrá hacer latir el motor de la estrofa... Hace unos meses llegué a esta estación de la mano del gran Maese Miguel Cobo, amigo y compañero versificador, y se lo agradezco.No tengo nada más que aportar a este texto que brilla por sí solo,únicamente abrazarte,Emilio, y coger más trenes de vuelta que me traigan a esta estación.Feliz año!

jonhan dijo...

A todos nos fascina esa posibilidad de que no se pierdan las palabras sin más, de que veamos los hechos de la buena voluntad como si fuese nuestra primera vez en la vida. La esperanza nos acompaña. Seguiremos por aquí.

Saludos

Towanda dijo...

Hola, emilio.

Son buenos propósitos, a ver si los consigues.
Un saludo.

Isabel Huete dijo...

Me propuse practicar la maldad el día que me di cuenta de que era demasiado buena, y mira por donde es ahora cuando me llaman tonta. ;)