30.1.14

Charlie Parker con colmo




Uno comprende tarde las cosas o no las comprende nunca o no posee interés alguno en entenderlas, pero no creo que algo pueda ser comprendido enteramente. Ni siquiera el vuelo de un pájaro, esa cosa tan sencilla. A lo más a lo que aspiro es a irme yo entendiendo, aunque la verdad es que no ha habido en ese aspecto un avance remarcable en los últimos cuarenta y siete años. Se tiene de uno mismo siempre la misma poco confiable impresión. Como si no supiésemos quién hay adentro, a qué obedecen los actos que hace, qué motivos lo mueven, de qué secreta manera se justifica en su interior cuando los acomete. De lo que no hay inseguridad alguna es de la fascinación que ejerce el asombro. Más que comprender o no, de lo que se trata es de sentir, una especie de declinar interesado de la inteligencia o un vaciado voluntario de toda intención lógica o cartesiana: me voy a quedar en la periferia, voy a merodear el núcleo, estaré por aquí. Lo mismo que sucede si escucho a Charlie Parker, del que no comprendo nada, de quien no poseo ninguna certeza,  a quien no alcanzo a vislumbrar una utilidad más allá del disfrute inmediato. En cierto modo uno está escribiendo el mismo viejo texto, remozándolo, invirtiendo el modo en que se expresa, pero manteniendo una unidad de relato. Creo que no he dejado de escribir sobre esto desde que empecé a escribir. Que todo lo que he escrito es una variación de un tema. Probablemente no haya encontrado todavía el tono con que expresarlo y esté probando. Charlie Parker entendería todo esto que escribo. Porque Charlie Parker solo tocó una nota. La estiró, la engordó, la convirtió en otra cosa, pero no en una nota. Tampoco creo que le importase. Esto que estoy escribiendo lo estoy escribiendo mañana. Ahora es Cortázar nuevamente el que visita mis letras. En El perseguidor hay una abolición del tiempo. El perseguidor es el relato en donde se dan la mano Parker y Cortázar. Johnny lo sabe. 

2 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Johnny hurga en ese tiempo interno que es el que quiere hacer suyo, o es ese tiempo el que hurga en él. Sea Johnny quien llegue a ese tiempo, sea el tiempo el que le llegue a él, la conclusión es idéntica: el desorden espacio/temporal del personaje, su desubicación en el reino tangible, verificable del día a día:

"Bruno, si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y también el tiempo cambia... Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio... Entonces un hombre, no solamente yo sino ésa y tú y todos los muchachos, podrían vivir cientos de años, si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de minutos y de pasado mañana..."

Abrazos mil...

Miguel Cobo dijo...

De Charlie Parker a Edith Piaf
un diluvio de negro spirituals
y de blanco spirituals llueve
sobre la civilización;
llueve piaf; llueve parker, llueven
Manolo Caracol, Louis Armstrong empapa
Discépolo, John Coltrane, Billie Holliday.
Es un agua que se introduce
por las fisuras de los Parlamentos,
por las rendijas de los programas,
por los agujeros de la ONU,
empapada la estrategia, moja
a la inmortalidad y la encoge,
hincha las oscuras maderas
de los ataúdes y congela
todo el grandioso fuego de vivir.
Llueve toda la tarde, llueve
toda la noche: y tras la ventana
en que repiquetea la lluvia
ese diluvio es observado
por un blanco o un negro
mientras que suena un saxofón
y llueve.

Félix Grande