4.12.13

Hopper


Uno quisiera estar solo en ocasiones, solo como están los personajes de los cuadros de Hopper, solo, sin el afecto poético de que existen los otros y que de alguna forma nos confortarán cuando los veamos y pedirán que contemos con ellos para lo que se nos ocurra, pero no podemos evitar dejarnos embaucar por la tristeza, permitir que nos conduzca y entenebrezca un poco, a sabiendas incluso del mal que su mala administración puede ocasionarnos. Se tiene de lo triste esa percepción decadente. Hay tristezas en las que se confía ciegamente. Cree uno que habrá un rédito artístico. Como si esa hondura del ánimo de verdad abriera el numen o lo reformara o simplemente extrajera de su oficio las maneras más nobles, las de más fuste, todas las que sabemos que andan ahí, a escondidas, tutelando la belleza. No sé qué podríamos sentir si fuésemos un personaje de un cuadro de Hopper. A lo sumo la pérdida, la sensación absoluta de abandono, la creencia de que el mundo está ahí afuera, girando, obstinado, terco, y de que nosotros, los que miramos una taza de café en un bar muy cutre de una estación de tren o los que miran por una ventana.Está en Hopper un estado de ánimo que ya hemos tenido. De Louis Armstrong se decía que era capaz de pulsar cualquiera de esos estados con su trompeta. A Hopper le pasa lo mismo con un lienzo. La conmoción de la soledad o del silencio se distrae con el atrezzo en sus cuadros. Siempre hay una voluntad lírica, y también narrativa, de que el escenario al cual se vincula la idea misma de la pintura desprenda la misma vida que los personajes que la pueblan. Es el vacío el gran tema y de él salen todos los demás. Uno está a veces vacío como lo están los personajes de los cuadros de Hopper, solo, no sabiendo con certeza qué paso dar después, cómo contar a los demás o a uno mismo la dureza del trayecto, toda esa orfandad con la se encara la consecución limpia de la trama.

9 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Diciembre.
La noche avanza con su puñal de hielo
y hunde su frío en el corazón
de los halcones solitarios que huyen del insomnio
en un cuadro de Hopper.
Llueve.
Cruzan las calles algunos coches raudos
que buscan hospitales o inhóspitos garajes
desde los que se accede a habitaciones tristes
donde la vida exhala el vaho de la derrota
y empaña los cristales desvelados
de sus ventanas pálidas.
Alguien dibuja un nombre con los dedos
en un gesto de amor infructuoso.

"Se prevén grandes nevadas en el norte".


José Luis Martínez Clares dijo...

Está uno como Hopper, a veces. Como ahora. En este momento. Leyéndote entre el ruido que despiden las conversaciones de la gente. Y disfrutando, claro. Abrazos

Joselu dijo...

A veces uno está triste y escribe. Es por la tarde y llueve y uno no deja de sentir el filo agudo de la soledad en un bar, en una habitación de hotel, en su propia casa. Es un vaho somnoliento que conduce al vacío. Y uno escribe y piensa que la tristeza es azul o que está ahí para redondear el arte. Me gusta la literatura inmersa en la tristeza más que la que se explaya en el éxtasis de la vida. Me gustaría pensar lo contrario y sentirme próximo a Walt Whitman celebrándose a sí mismo y el licor de la vida. Puedo contagiarme de Hopper, puedo percibir su tristeza que me enreda, que me deja ir entre volutas de humo en una habitación vacía, en mi propia casa cuando escribo.

Paula Prats dijo...

Me gusta mucho, mucho, mucho, mucho tu blog.

Paula Prats dijo...

Me gusta mucho, mucho, mucho, mucho tu blog.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Poetas se preveen. Te doy una palabra y me sacas un poema. Eres mi lector más riográfico. HOndura, fluidez.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Poetas se preveen. Te doy una palabra y me sacas un poema. Eres mi lector más riográfico. HOndura, fluidez.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Somos personajes de Hopper, José Luis, claro. Lo viste bien. Somos personajes con ruido, intentado preservarse, pero cuesta tanto... Abrazo grande.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Joselu: se escribe desde lo triste, siempre lo supe. La alegría o incluso la felicidad, ilusoriamente la felicidad, no propician que uno se arme de valor y escribir. Qué pretendemos escribiendo? Leyendo lo sé, pero escribir, escribir es una cosa rara, que te priva del trato con los otros, que te hunde en tu alma, abismándote. En el abismo no hay luz. Escribimos a oscuras, soñamos a oscuras. En una habitación vacía o en una llena de gente, pero la casa de uno es su escritura a veces.