30.12.13

El año de Walter White




Los años enseñan cosas que los días jamás sospechan. Se me ocurren algunas sobre las que últimamente divago, en las que entro cuando escribo. Es curioso que uno siempre piense que está escribiendo sobre los mismos asuntos, pero hay veces en que esa evidencia tropieza con un texto imprevisto, alejado de la trama habitual. Nunca he escrito sobre la democracia árabe o sobre el cine de Tarkovski. De las dos mil ciento sesenta entradas que he publicado en este blog (ése es el número según reza mi editor de blogger) no habrá ninguna en la que haya depositado mi opinión sobre la prosa de Camilo José Cela o sobre el sexo en la tercera edad. Por el contrario, he dejado cientos de anotaciones sobre el jazz. Quizá Charlie Parker aparezca en ochenta ocasiones. O Jorge Luis Borges. O H.P. Lovecraft. Tengo un camino del que no suele salirme. Cuando lo hago, ando a ciegas. De esa manera de andar, prefiero la sensación de vida que produce. No la tiene el sendero seguro, el que ya hemos pisado. Digamos que me he prodigado en lo que conozco o a lo que se inclinan mis vicios. En el año que está a punto de vencer, no he modificado la hipotética lista de vicios que me son más afínes. Sigo empeñado en ver a Dios, en cultivar digresiones alrededor de la posibilidad de que exista, aunque no tengo preferencia. Soy un metafísico mediocre, pero adoro la metafísica y me lo paso estupendamente cuando la divinidad me visita y me esfuerzo en registrar ese prodigio. Mi amigo K. sostiene que no dejaré de escribir nunca. Le reprendo por tener la seguridad de algo que ni yo mismo soy capaz de pensar razonablemente. A lo que no voy a encontrarme este año es a elaborar algunas de las listas que tanto me fascinaron antaño. No haré la de los grandes discos ni la de los libros que me sorbieron. No habrá películas formidables. Ha sido un año más pobre que otros en esos vicios. De todo lo que he observado me quedo con Walter White, un cabrón al que no se le profesa afecto alguno, del que no entiendes completamente los porqués de su proceder, pero al que terminas incorporando al pequeño santuario personal, en donde alojas lo que te conmueve, todo lo que te zarandeó poco o mucho. El señor White es el personaje del 2014. Ayer leí que en la prensa que es el Papa Francisco el elegido por los lectores de la prensa. Me parece estupendo. Como me sigue encantando confundir lo real con lo fabulado, me quedo con White. Ha sido su año. Me he walterizado de lo lindo. Ahora que todo ha acabado el mundo está un poco huérfano. Cosas mías.

3 comentarios:

Jose C. J. dijo...

Yo también estoy más en las series que en el cine. Me gusta el ritual del capítulo. Y me interesa más el personaje que la anécdota. En la serie tienes tiempo para ver como reacciona en muchas situaciones.
Feliz año.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Es una complicidad, si es que lo cómplice te imbrica. El cine mira la televisión.

Alberto Espinosa dijo...

Walter White es un ejemplo tardío del "el hombre es un lobo para el hombre", una inmensa bota que pisa a quien intenta hacerle sombra, a quien busca tenerle bajo su mando.
http://albertoespinosalopez.blogspot.com.es/2013/06/walter-white.html