11.2.11

Reino de perplejos

No tengo nada especialmente relevante que decir acerca de mí salvo tal vez la creciente certeza de que festejo cosas que antes ni siquiera apreciaba. No sé si esa inclinación sentimental proviene del hecho mismo de irme creciendo y encontrándome. Uno se encuentra en los sitios más insospechados, uno se descubre tal cual es el día menos pensado. Los días se piensan a veces en exceso: se los embadurna de esperanzas; de promesas de placer que luego, acometidas las horas, no aparecen. Lo de ir cumpliendo años no deja ser una marca moral, una especie de muesca invisible que delata el fervor del tiempo, su inasequible vocación de desagüe.
No creo que haya ningún asunto del que se haya escrito más ni ninguno de más encendida enjundia entre los que se conjuran al vicio éste de escribir. La propia esencia de la escritura está un poco hecho de tiempo y de promesas por cumplir. La ficción es un territorio tenebroso, luminoso, de presencia íntima y de luces que son en realidad sombras. De sombras trocadas en luz pura. La literatura, es decir, el refugio estabulado de esa ficción, no deja de ser una prospección de la naturaleza del tiempo. La religión es, en este hilo de las cosas, una pesquisa sobre el tiempo, una indagación en lo sobrenatural cuyo fin es la anulación del tiempo mismo. Dios, ese Hacedor omnímodo, provee Eternidad. Dios, ese relojero máximo, ese obrador cuántico, es el Escritor Total. El texto íntegro de esa epifanía de la carne convertida en alma eterna lo escribe el feligrés, el creyente, el que acepta las metáforas y reza porque se cumplan, pero el tiempo va a lo suyo, se extiende sin miramientos, se erije el único emperador de este reino de perplejos.

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7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me quedo con eso de que dios es el relojero máximo, el obrador cuántico.
Buena camada de libros, ya sabes.-

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

No sé, la verdad. Me pillas off...
Digo lo de la "camada"...

Juan Carmona dijo...

Juan, la primera que escribo, y sólo para darle las gracias por el trabajo. Yo leo este Espejo de los Sueños a diario, antes de trabajar. Una obligación como otra cualquiera pero esta obligación es muy, muy agradable, y muy educativa, y muchas cosas más. Me vas a perdonar el atrevimiento, pero hay quien escribe y hay quien sólo lee, y a mi me ha tocado saber leer. Escribir, para otros. Y este sitio es un GUSTAZO.
Gracias, entonces.

Ramón Besonías dijo...

Enhorabuena por tu nueva piel de cebolla. ¡A disfrutarla! Pronto se escarchará, pidiendo una nueva. Pero que nunca nos falte el asombro, la consciencia de la gracia de gozarla.

Buen fin de semana, Emilio.

Miguel Cobo dijo...

Me apunto al Reino de los perplejos y es bueno estar dotado del don de la perplejidad (que es lo contrario del de la certeza). Sus habitantes, más que crear, se recrean (pero no hay que creérselo)El mismo "descarte" -desdoblando su polisemia- sirve para dios y para el hombre:

- Creo, luego existo.

Pero a fin de cuentas, en este Reino de las paradojas, fue el hombre el que creo a dios a su imagen y conveniencia.

En fin ,Emilio, pura perplejidad. La posesión de la verdad nos paralizaría.

Saludos.

Julián Muñoz Servián dijo...

Tiempos de perplejidad y de asombro en los que no damos abasto para asimilar todo lo que nos viene. Me ha asombrado que la revolución egipcia venga por facebook, pero no me cabe duda de que por ahi vendrán otras revoluciones en otros países. Escribimos para hacer literatura, pero las palabras también sirven para derrocar tiranos. Escribimos para que nos quieran, para que nos quieran y nos entiendan. Las palabras son el alma del mundo. Estas que tú has escrito hacen también que gire el mundo. Un saludo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Gracias de verdad, Juan. No se sabe nunca la razón por la que uno escribe. He escrito mucho acerca de esas razones y siempre he salido como entré. Vacío, sin ninguna certeza. Igual es mejor así. Gracias por eso que dices. Un saludo...

Ya es está escarchando, ya se está escarchando...

Huímos de la verdad o nos damos de bruces con ella. No hay, Miguel, término medio. Yo vivo muy a gusto en la ficción, la busco, la pido, siento que la necesito. Hay una adicción. La verdad, en lo rutinario, es un ingrediente- No el único. Escribir hace que viva mejor de lo que lo haría sin registrar el calambre, la punzada, el asombro. Sin asombro, muertos. Sin certezas, sin verdades, sin asombro, sin la creencia de que nada es fiable. Un saludo, amigo. Buen día cordobés. Hace bueno hoy? Ayer, que estuvo por ahí todo el día, fue fantástico.