24.2.11

Cuentos de niños (Redux)

En la fantasía de los niños, en ese territorio mítico e inexpugnable, existen cosas asombrosas, únicas, asuntos que la inocencia acomoda en la realidad y que luego los años terminan rebajando a la gótica categoría de fantasmas, de criaturas de lo sobrenatural concebidas en libros o en sueños. Un niño cree en las hadas, a las que faculta para que lo tutelen por las travesías más oscuras. Un niño cree en elfos, en vampiros, en ángeles. Cree que un avión de papel vuela de verdad y que debajo de la cama, mientras duerme, los piratas saquean un barco y llevan el tesoro a una isla perdida en el mapa.
Como la edad no siempre borra esa caligrafía sentimental, algo de resto de metáfora queda en la memoria y el adulto, el que metía en el mismo saco de ensoñaciones carnales a los orcos, a las ninfas, a los superhéroes y al Dios que le venden los mayores, se aferra a una continuidad de patrón y consiente que Dios le escolte por las nuevas travesías oscuras. La religión viene a crear un hilo entre las metáforas de la niñez y la ausencia de metáfora de la vida adulta. Cada uno compone y descompone los mitos a su antojo, pero la vida es implacable siempre y opera al suyo, sin atender la ternura de los sueños, sin comprender la dureza de los aprendizajes.
A cierta edad la vida (a pesar de que de vez en cuando a colores se despliegue como un atlas) es una travesía a oscuras y buscamos tozudamente quien nos deposite en la otra orilla, a salvo de riesgos y miedo. Por tramos vemos una luz y la luz prende júbilos, rescata placeres antiguos o crea nuevos, pero luego todo regresa a la gris arquitectura de la rutina y se muere uno desabastecido de fantasía, sólida y tristemente anclado en la certidumbre de la fe y de toda su letanía eficiente de providencias. Y no importa en demasía la naturaleza de la luz, la forma en la que adquirimos y cómo la usamos para avanzar, aunque sea a tientas, por los caminos. Qué complicado es todo. Qué difícil nos lo ponen. Me voy al jueves ahora mismo.
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8 comentarios:

Anónimo dijo...

Asi empiezas el jueves, monstruo?

Francisco Machuca dijo...

Como le aprecio tanto le voy a contar un cuento.
Un fuerte abrazo.

http://fmaesteban.blogspot.com/2010/11/cuentame-un-cuento.html

Carla dijo...

Acabo d’estrenar blog!! Blog dedicado a los sueños. Estáis todos invitados a participar. Propongo una forma de compartir sueños extraños, divertidos, confusos... Enviad vuestros sueños a mentedeseda@gmail.com, se publicará vuestro nombre y dirección de blogger si se desea, también pueden ser anónimos. Besos!*

Ramón Besonías dijo...

Nunca podemos huir de ese territorio en el que habitamos siendo niños y del que guardamos sin saberlo huellas con las que hoy armamos a duras penas nuestras ilusiones. Decía Picasso que un adulto es un niño hinchado de edad.

No es la infancia evocada, la que fabula el recuerdo. Es la que nos habita sin pedir permiso, la que se cuela en nuestros acciones cotidianas, resistente al sentido común y las normas sociales, la que sueña paisajes inexistentes sin estar dormido.

Todos morimos niños, tal y como nacimos. Desnudos.

Pedro Alvear dijo...

El niño nunca debe dejar al adulto. Yo siendo maestro lo veo a diario. Pero se escapa, pero se aleja...
Buen post.
Me encanta esta página.


Un saludo

Anónimo dijo...

A tientas siempre, Emilio. No hay otra forma de viajar por esto de la vida. A oscuras, dice mi abuela, que es muy, muy vieja, y sabe muuucho...
A oscuras, y feliz, eh, a oscuras, pero feliz

Rafa

Víctor Lara dijo...

Somos niños o deberíamos ser niños siempre. Ser maestro, yo lo soy de lunes a viernes, conste, es un privilegio. Los adultos me terminan cansando. Son demasiado serios. Me pongo el disfraz de niño, y no cuesta trabajo en absoluto, y disfruto. Veo que usted me entiende.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

He estado unos cuantos días, Francisco, sin caer por aquí. Procedo a leer su cuento. En este instante. Casi.

Gracias, Carla. Curioso proyecto. El sueño de esta noche lo mando mañana. Lo haré literatura. Palabrería. Seguro. No será fiable.

Me ha sonado machadiano, Ramón. Soñar es volver al pasado. Leer es soñar. Ver cine es soñar. Escribir es una forma de rebeldía contra el tiempo. De domesticarlo también.

Los maestros somos seres privilegiados, Pedro. Por muchas razones. A pesar de todo, por muchas razones. La principal es el instrumento de trabajo que usamos. Es fantástico verlos, sentirlos, pensar como ellos, intentar que de vez en cuando piensen como nosotros...

Tu abuela es sabia, Rafa. A oscuras, feliz... Me siento un viajero de esa clase.

Estamos rodeados de adultos los adultos. Ese es el problema. Me cansa a veces no ser adulto, sino comportarme como tal. Muy complicado todo.