4.2.11

En la muerte de María Schneider





Le tengo escaso afecto a los obituarios: me produce tristeza ese registro en prosa laudatoria que se afana en hacer una especie de memorándum de lo que el finado fue en vida. La finada de este febrero, Maria Schnedier, ha sido un mito erótico, una niña de diecienueve años que se dejó embaucar por Bertolucci y permitió que Brando la sodomizara con un pegote de mantequilla en un departamento parisino de cuando París era una fiesta metafísica, intelectual y un poco nihilista. Por esa rocambola de circunstancias, por los años enfebrecidos de la izquierda contestaria y por un pubis hirsuto al que el atormentado personaje de Marlon Brando aplicaba una generosa mano de jabón, El último tango en París pasó a la Historia del Cine. Todavía sigue ahí tantos años después. Permanece con un extraño halo de tristeza. A mí la película de Bertolucci siempre me pareció de una tristeza casi insoportable. La vi hace un par de veranos y sentí lo mismo que la primera vez. Supongo que eso es, en parte, la condición misma de los clásicos: perdurar, procurarnos el insólito placer consistente en que la rutina sea meritorio y que avancemos en el conocimiento de las cosas a fuerza de repetirlas. La jovencita elegida por Bertolucci para su historia de amor (era eso al cabo) no se zafó jamás del icono de revulsiva sexual de una época explícitamente sexual. Ha muerto a los 58 años. Se la he llevado un cáncer. La recordamos en esta bañera mitológica. Había gente que hacía cientos de kilómetros, cruzaba la frontera francesa y se engolosinaba el ojo con el cuerpecito rotundo de esta muchacha marcada por la mantequilla y por un negra mata de pelo entre las piernas. Eran otros tiempos: ahora las mocitas que quieren triunfar a costa de sacrificar talento por epidermis, incluso las que saben a qué se exponen, las que venden deliberadamente sexo y no son manipuladas, se depilan, se ofrecen casi prepúberes, se convierten en un objeto puro de atracción carnal, pero transmutado, modificado, cosificado. El obiturario de hoy pasa por ver otra vez escenas tórrridas, por recordar fragmentos de una película inmortal. Fragmentos. Episodios interesadamente extirpados de un cuerpo a veces demasiado tosco como para soportarlo. Paul y Jeanne siguen en el departamento parisino. No me cabe duda alguna.




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5 comentarios:

Juan Pérez Mangas dijo...

No desvarías en el tópico porque hubo una época en donde una señora desnuda, enseñando toda su intimidad, movía masas de gente educada en la represión, en la censura, en las monerías del franquismo más absurdo. Todo el franquismo fue absurdo, por otra parte. A mí me gusta El último Tango en París, pero no me entusiasma. Tampoco la señorita Schneider, cuyo nombre desconocía hasta que tristemente nos ha dejado, estaba entre mis actrices favoritas. Lo de la mata de pelo, incuestionable.
Un saludo afectuoso.

Delirios de Muñekita CaT dijo...

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besos

Catherine

alex dijo...

Es, "El Último Tango en París", una de las películas más tristes que habré visto. Junto con "La Carta del Kremlin" y "Saló o los 120 días de Sodoma" podría formar la santa trilogía de la desazón. Se ha marchado triste, intuyo. Todo en aquel edificio parisino invitaba a la tristeza. No quiero volver a ver la película más. La última vez que lo hice me pareció como a ti, insoportablemente triste. También me pareció que el tiempo la había arañado con saña. Todo duele.

Joselu dijo...

Vi la película en una de esas sesiones multitudinarias en cuanto fue autorizada en la transición. No la recuerdo mucho. Me temo que no la vi con la atención debida. Creo que la volveré a ver. Tengo una especie de hueco cuando pienso en esta película. Me gustan las películas tristes, pero soporto mal (y me entristece) cuando veo obras que envejecen mal como sugiere Alex. ¡Qué hermosa escena nos has traído!

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Lo fue en grado sumo, aunque yo no lo viviera. El hecho de no poder actuar con naturalidad, el hecho de no poder expresarse, el hecho de no poder disfrutar de la vida sin impedimentos absurdos. Pero el concepto de absurdo se maneja bien distintamente según quien lo esgrima, Juan.

Gracias, muchas gracias de verdad, catherine.

Anoche un canal de TDT la repuso. Como son nuevos casi todos, debemos decir que la puso. No sé. Ese afán por dar homenajes. Este mío es otro así que no debeo criticarlo. La tristeza la vi en las pocas imágenes que vi haciendo zapping por la noche. Curiosamente caí en la misma escena que yo recreo en el video del post. Y pensé en eso: en el desnudo triunfal, en la llamada de la selva. Una pena, no obstante, Álex.

Hay que darle un tiempo. Volver a ella mucho después. Yo la he visto dos veces, que sepa. La tercera va a tardar. O como dice mi buen amigo Álex, igual ni cae. Un abrazo, amigo también.