29.6.09

En ocasiones veo ángeles...


Hay personas extremadamente sensibles que alcanzan la plenitud estética observando una puesta de sol o escuchando un aria de Verdi. Yo mismo he entrado en esa catarsis prodigiosa y he salido por mi propio pie, aturdido, enfermo, débil. La belleza comparte con el amor esa rara vocación succionadora. El enamorado, al caer en el trance galante, pierde nervio, flaquea, renuncia al foso con cocodrilos y altas almenas vigilantes desde donde antes oteaba la realidad. El enamorado, si verdaderamente lo está, es un tipo vulnerable. La literatura lleva algunos milenios dibujando personajes convictos de esta causa. Incluso alguno de los personajes más celebrados de esa alta literatura de la que hablamos (y también la baja y la intermedia puestos a tirar de inventario) son razonablemente individuos a los que el amor ha robado el tino, ha poseído vampíricamente y (por último) ha convertido en guiñapos, en títeres, en sombra de lo que fueron antes de que la cicuta del amor los intoxicara irreversiblemente. Y la belleza se alía a estos pensamientos y allá donde el lector entendió que hablábamos de amor diga ahora que es la belleza la que mueve los hilos de la trama. De hecho el amor es una forma de belleza que no se conjuga bajo las artes de ninguna disciplina. Está por encima de la pintura y de la literatura, no obedece a los cánones de la arquitectura ni de la escultura, desoye los avisos de la música y a su modo abraza todas estas nobles formas de lo artístico y se expande como una estrella de mil puntas que escondiera trazas de todas. Al modo en que funciona el amor o la belleza debería también funcionar la fe. Hablé con un amigo que la fe es una especie de deslumbramiento, de repentina traducción de un término precioso al que no dábamos significado. Él concluía que no se puede estabular ese hallazgo. No hay forma alguna de que lo conduzcamos hacia adentro por mucho que abramos cauce y pidamos que entre con todo el fervor del que dispongamos. No podemos evaluar ese impacto emocional. No podemos gobernar lo que la razón no entiende. No podemos (ya por último) llevar la fe a las escuelas, sacarla de los templos igual que no podemos obligar al que gobierna y crea las leyes y las hace cumplir que rija su mandato bajo la óptica de la moral, que es un asunto enteramente regido por deslumbramientos y por convicciones tal vez demasiado íntimas. Y así vamos unos y otros, enamorándonos, oyendo arias de Verdi, rezando (quien lo haga) y perdiendo y ganando a cada nuevo día. Yo, que a veces tengo la sensibilidad levantisca y pagana, estoy hoy receptivo. Tal vez esta tarde vea ángeles y me azoten con su verbo como quería el santo Juan de la Cruz. Y si no es así y llego a la cama esta noche con la misma desobediencia mística que de costumbre, me enfangaré en lecturas blasfemas para olvidar esta tentativa de creyente recién iluminado. No caerán tantas brevas. Seguiré perdido, en tinieblas, lejos de la luz, en esta oscuridad tan portentosa, sin que los ángeles susurren en mi oído las palabras exactas que perturben ya de una vez mi ferrea concha de incrédulo.

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8 comentarios:

Alex dijo...

Me temo que estoy inmerso en ese proceso maléfico, Emilio. El amor te hace mejor y por lo tanto vulnerable. Y lo vulnerable es mejor a ojos ajenos porque no supone una amenaza para ellos. Querer y sentirte querido lo tiñe todo de un tono peligrosamente cercano al azul celeste, y resulta que eres tan feliz casi con cualquier cosa que te conviertes en un imbécil funcional. Hoy te leo distinto que hace un mes, Emilio. Cosa del azul celeste.

Hace pocos días vi la firma real de San Juan de la Cruz y me estremeció. Desgarrada, sangrante y acabada en una cruz. Eso debe ser la pasión extrema, pensé.

Cuídeseme y a ver si puede llamarme esta semana. Echo de menos nuestras conversaciones inconexas.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Y yo. Se hará.

Anónimo dijo...

Comparar la fe con el enamoramiento es una cosa arriesgada aunque como la cuentas sales victorioso. Me ha gustado mucho el post. Saludos.

Anónimo dijo...

J. Cremer era

Anónimo dijo...

Hola Emilio

Soy un lector dominicano que no era muy asiduo a los blogs, pero que hoy está vencido ante la inevitable lectura digital, en la que ciertos descubrimientos te devuelven el asombro....Sólo por la calidad...Me encanta tu manejo de las palabras...Parecen exactas y siempre reveladoras... Pero no puedo dejar de percibir el dolor...La valiente expresión de tu dolor... Oscuro, iluminado o luminoso, pero profundo dolor...De modo, que igual que otros que te leen, te acompaño en la complicidad de la existencia...
Celebro tu blog...o lo que escribes que es igual!!!!!

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

La fe, J. Cremer, es una revelación. No se puede revelar lo que no asombra. En fin... Todo muy complicado. Y hace un calor terrible hoy en mi pueblo.

Lector dominicano, a quien me gustaría poner nombre, gracias por entrar en mi desconsuelo vital, porque vivir es eso, desconsuelo, júbilo, pereza, amor, alegría, dolor, entusiasmo. Todo junto y todo bien batido. Días extraños, no obstante. Escribir libera, a mí al menos. Gracias por buscarme entre las palabras.

Anónimo dijo...

la fe se puede comparar con confianza, una persona sin con fianza es como no tener auto estima .
no busques la perfeccion en este mundo.
porque asta donde se este es el infierno .
si pierdes un hijo , quedas invalido ,etc, a qui se sufre .
solo tienes que borrar los malos recuerdos y enfocarte en cosas positivas sin temores y aprender de los errores .
la ciencia y la religion van de la mano .
la religion dice que la fe mueve montañas ,
la ciencia ,tienes que tener confiaza ser constante concentrarte y conseguiras lo que quieres .
la fe no es ver para creer seria como querer saber que existio primero el huevo o la gallina , por logica el huev,pero quien puso el huevo
tienes exelente vocabulario y disculpa mi bulgaridad ,mi metas eran otras pero no pude dejar pasar por alto tu blog
bueno emilio hasta la proxima si la hay (roberto)

Ana María dijo...

Fantástico post y monumental blog. Te encuentro hoy buscando Ángeles en Google, así que, sin ánimo de perturbar tu férrea concha de incrédulo, voy a quedarme por aquí un tiempo. Mayormente, por si acaece el Milagro ;-))) Un saludo desde Galicia.