1.7.09

Transformers 2, la venganza de los caídos: La peor película de la historia del cine


Al señor Bay le deberían prohibir empuñar una cámara o pagar para que otros la empuñen. No hago nada más que pensar en el estropicio que una película como Transformers 2 puede hacer en un cerebro sin pulir al que de pronto le colocan delante esta orgía visual, inofensiva, por supuesto, pero dañina en cuanto sublimación del universo estético al que la sociedad que estamos construyendo avanza inexorablemente. Porque lo que ha facturado este caballero es un negocio descomunal cuyo principio activo es una película, una que zarandea las hormonas del personal adolescente y engolosina el ojo pasivo, el fácilmente desbocable, hacia paraisos de una vacuidad moral absoluta y una contundencia plástica lastimosamente impecable. En ese sentido, el zorro Bay, el Anticristo, es un empresario mayúsculo: su jugada es imbatible porque empalma (entiéndaseme el verbo en su sentido más serio) un muy primario sentido del espectáculo (de sencilla digestión por el espectador hueco) con una voluminosa ración de sexo lánguido, inocente, vía Megan Fox, esa especie de actriz que rivaliza con los robots en tics mecánicos. Por eso insisto en la gamberrada cultural que supone Transformers 2: me imagino que la chiquillada entusiasta que ha jaleado las piruetas circenses de los protagonistas saldrá del encantamiento en cuanto la edad les abastezca de sesera y en algún imprevisto y desprevenido instante se acomoden en un cine y vean cine como Wilder manda, ustedes ya me entienden. Pero no tengo ninguna duda de que habrá descerbrados que sigan cómodamente instalados en ese limbo neuronal y pidan más. El chute, si es Bay quien lo expide, está asegurado. Me pongo a pensar ya en una tercera entrega en la que supriman la condición humana y ni el muy soso LaBeouf (qué le vio Spielberg) ni la muy tórrida y concupiscible Fox (que le viene el apellido pintiparado) concursen con sus planas interpretaciones. El guión, a lo visto en este segundo atropello, es secundario. Lo único consistente es lucir palmito y aturdir al consumidor con una sesión hipnótica de mamporros metalúrgicos. Y además, he aquí el verdadero colofón a esta apoteosis de la estulticia humana, se atreven a destrozar ruinas milenarias con desparpajo y glamour. No tienen perdón. No creo haberme expresado con claridad y voy a insistir otra vez: el señor Bay y sus mercenarios no tienen perdón. Al hacer cuentas, la industria del cine dirá que este terrorista visual ha hecho caja y devuelto a las salas a quienes se fugaron. Pues no sé yo si la exposición tiene antidoto. Por si acaso me pongo esta noche en mi DVD una de piratas, fíjense qué les digo. Ni siquiera Dreyer o Bergman o el muy sesudo Tarkosvki. Quiero la alegría simple de un espectáculo digno que no ofenda mi apetito de felicidad. Me quedo con Kraftwerk.

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4 comentarios:

Juan Sol dijo...

Ahora sí que no la veo. No tenia intención, y ahora menos. Saludos, y agradecimientos.

Alex dijo...

No he visto ni la primera ni la segunda parte, ni tengo intención de hacerlo. Michael Bay, al que apodé "El Anticristo" hace tiempo (no soy el único que le considera tal, por lo que leo) es sin duda el peor director de la historia del cine. Lo suyo no es torpeza ni falta de medios. Es vocación. Es el axioma del tipo al que te gusta odiar. Horrible esperpento amamantado en las ubres de Jerry B., mentor y maestro del que aprendió el arte de la nada. Lo peor, Emilio, y bien lo sabes, es que muchos de los que han visto semejante porquería la anclarán en su recuerdo hasta que las canas pueblen sus cabezas. Y entonces, aún entonces, seguirán adorando la memoria del engendro.

Arcángel Mirón dijo...

No la vi, pero era así como la imaginaba.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Hay más opciones. Ésta es una, Juan, sin dudarlo: de hecho yo mismo (hijo a la vera) caí en el desatino de verla, pero...

No vayas, oh my friend, no vayas, oh my friend, no vayas, oh my friend, dedica tu tiempo a otra cosa. Casi cualquier cosa. Esto es porno metálico. De lo que yo hablo en mi reseña es de la inconveniencia (tu sabes) de ver mal cine en edades frágiles, adolescentes. El adulto que quiere enfangarse en esta cosa, allá él... El espectador, el talludito, es soberano.

Arcángel, si mi post sirve para que no vayas... Pues bien entonces.
Saludos.