15.7.08

Cree, pásalo


El Papa Santo de Roma, el primado, el elegido por la curia para presidir la Iglesia de Pedro y mediar entre el cielo y la tierra ha terminado por sucumbir ante las nuevas tecnologías. Se publica en la prensa que una compañía australiana ha organizado el lanzamiento masivo de SMS para que la juventud de ese país, la afectada por la visita de Ratzinger, renueve su fe. Cada empresario tira de los hilos que considera precisos para fidelizar a su clientela. En ese sentido, la Iglesia hace muy bien en dejarse contaminar por los trucos que otros usaron para el efecto justamente contrario: el de alejar a la ciudadanía de una institución que nunca quiso ir al albur de los tiempos y que hace mucho que se quedó extasiada en sus legajos, en su mística ancestral y en sus valores inmutables. El Papa, bien aleccionado, rebaja sin pudor (suponemos) el llamado de la fe, ese cordón divino que tira del alma y la une con Dios. Hay quien ha visto en esta simple evidencia de lo terreno que hay en lo divino un aviso de futuras infracciones en la ortodoxia de más rígido cumplimiento. Tal vez deban ir por aquí los elegidos a perpetuar la luz de las creencias en estos tiempos de excesos y de destemplanza, en este relativismo de grandes almacenes y de banda ancha. Los ángeles, no obstante, andarán de morros. Se preguntarán qué oficio les queda siendo lo que fueron antaño. En poco tiempo veremos cosas increíbles, milagros, nanotecnología aplicada directamente al alma. Poco después vendrá la homilía en un archivo descargable de la Red. La dispensa de los pecados y la mecánica semántica de la salvación y de la vida eterna se colará en nuestras pantallas en un pop-up. Tal vez Google comparta con el Vaticano ese interés y medie en esta proeza mediática. Prometo abrir muchos los ojos. El alma la tengo ocupada en otros asuntos.

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