7.4.08

La vida alrededor de un riff


Una revista musical de prestigio, al parecer, publica los cinco mejores riff de la historia del rock. Nada que objetar. Antes hemos visto las cinco mejores canciones, los cinco mejores álbumes, las cinco mejores portadas. Ad nauseam. De lo que se trata, en el fondo, es de compartimentar la cultura, de etiquetar el placer y poder acceder a él en base a la nomenclatura habilitada (inventada) al efecto. Yo, al menos, soy incapaz de no hocicar mi malsana curiosidad en esas listas imposibles. Y como todo lector insatisfecho (toda lectura es una forma de satisfacción incompleta) me obligo a encontrar los ítems que faltan: el riff personal. Ahí se acaba la mitología: los años de inventar riffs en el aire con una guitarra imaginaria han pasado, pero también caímos.
Y un riff, por genial que sea, no es un solo: el riff machaconamente se pasea por la canción, a modo de leivmotiv, de patrón tozudo. El solo, sin embargo, se despliega en la coda final o en un puente intermedio, y no precisa de la repetición para conseguir su hegemonía melódica, su vocación de himno.
Fui muchas veces Clapton (Derek con sus Dominoes) y fabulé mi particular fraseo de Layla alrededor de una barra de pub a la inglesa y bien escoltado por adeptos de la causa. Fui muchas veces Jimmy Page y fantaseé mi egocéntrico Black dog o Rock and roll mientras los altavoces berreaban sus buenos vatios. El rock, ya se sabe, debe atronar cuando el alma exige su dosis diaria.
La vida también tiene sus riffs: acordes fabulosos que se adhieren a la memoria. Tal vez estaría bien componer los cinco mejores. Poner en una tablilla, aunque sea digital, los momentos tarareables, los espasmos convertidos después en exaltación jubilosa de la vida y del goce absoluto de vivirla. Sería un buen meme, uno de los mejores. No me atrevo todavía a tirar del mío, vaya que olvide algo relevante o publique lo que no debo. A fuerza de ser sincero, mejor me estoy quieto. Ni siquiera sabría cómo empezar. Los riffs del rock son otra cosa. Los cinco que alumbraron mi tardoadolescencia (suelen venir siempre ahí, qué le vamos a hacer) acuden al catecismo guitarrero básico: Whole lotta love, Layla, Smoke on the water en la Fender Stratocaster de Ritchie Blackmore (Made in Japan fabuloso en la memoria de todo amante del rock), Sunshine of your love, Money, Satisfaction. Recientemente: Sweet child o'mine (Slash, heredero glorioso de los guitarreos heróicos, aunque desangelado por su pobre discografía, hasta el momento)

2 comentarios:

El Blog de Eduardo MInutella dijo...

¡Que tiempos!
Vibraba con los riffs. Me permito sumar algunos: Aqualung, algunos de Tony Iommi, Hocus Pocus (de Focus), Day Tripper. Uff,...que ganas de tocar la guitarra me han dado.
Saludo

El Blog de Eduardo MInutella dijo...

Perdón por la insistencia..."money for nothing", de los Dire Straits