20.6.13

Battiatio le da un aire a Pavese, ¿a que sí?





Una confidencia con el café
Últimamente me veo a escondidas con mis vicios y hará más de un año que no pongo en orden el cajón donde los guardo. Dice K. que no es bueno estar todo ese tiempo alejado de uno mismo porque el que no se entrega a sus cosas, distraídamente, cuanto más a lo tonto, mejor, no puede entregarse a todas las demás, y yo le miro con el afecto de siempre y tomo nota de lo que dice para regresar a casa con algo bueno aprendido que poder llevar a término en cuanto la rutina me desencasquille la inspiración y tenga un par de horas en las que perderme dentro. Estará bien eso de ocuparse de uno mismo de una vez por todas. Hay alucinaciones que tienen aspecto de realidad y pedacitos de la realidad que, a simple vista, sin escudriñar en exceso, parecen una alucinación pura. En algunos momentos la vida descansa en esos dos lados: en alguna parte está la vida alucinada y en otra, a veces muy cerca y otras inasequiblemente lejos, está la vida real. A mí me gusta imaginarme con la facultad de viajar de un lado a otro. Una especie de caprichoso vidanauta, déjenme que lo exprese así, con la certeza cabal de que cada instante es precioso y que en cada momento de la travesía puede suceder el milagro que la justifique plenamente. 

K. se aburre cuando le mareo con lo que pienso: me gusta más leerte, en tu página, que escucharte, Emilio. Pero K. no tiene Internet y sale poco de casa, así que difícilmente puede ser verdad lo que dice, pero no sabemos qué es verdad y qué mentira. Aunque también podría tratarse de un problema de apreciación y todas estas distorsiones del pensamiento responden a un plan metódico escrito por alguien y uno, en el escenario, representa (incluso mal) el papel caído en suerte. En desgracia. Hoy de nuevo, en casa, he pensado en todos esos autores de la Literatura que han fantaseado con la posibilidad de que seamos invención de otro. Mi creador debe ser un tipo digno de lástima. Me tiene abandonado. Me ha dejado a medias y apenas se deja caer por donde ando y pone en orden lo que inventó. De hecho, yo tampoco me excedo en esas filigranas del intelecto creativo. Mi cajón de vicios está impresentable. Entro y salgo y cojo y suelto, pero cada día se me hace más pesado abrirlo y rebuscar entre lo que hay algo que contente lo que espero. En el libro de la ilusión hay un montón de páginas patéticamente en blanco. No las escribió nadie. No hubo quien tuviera nada que decir y yo mismo, el dueño de la bitácora, escribo sobre frivolidades y no acierto a acomodar el verbo al cuerpo y así describir con el rigor que merezco cómo estoy a estas alturas de lunes.

Lo difícil es atrevesar los domingos y salir indemne. Eso es lo más complicado de explicar: cómo atravesar la tarde del domingo sin que los demonios de la incertidumbre te coman la cabeza y te incendien el pecho de angustia. Y luego están los lunes, los martes... Los domingos con su blues dentro. Restos de Pavese, me informa K. No acabo de entenderle bien. Malas lecturas. Malos tiempos para la lírica. Ahora voy ver el As para saber qué dice del Madrid de baloncesto, que anoche ganó la Liga ENDESA, creo que se llama. No sé a qué viene eso de ponerle nombre de empresas a las ligas. Ahora lo he puesto con mayúscula. Ojalá alguien venga y me patrocine. 

Un aparte de un sueño
El canon, en Literatura, busca la polémica, el debate entre contrarios, la hostilidad en lo libresco. El día en que a alguien se le ocurra borrar a Kafka de una posible nómina de genios absolutos de la Literatura será un día remarcable en el calendario, el que algunos (más sensibles, tocados por lo romántico) recordarán cuando no tengan nada de que hablar en la barra de un bar o cuando, releyendo a Kafka, por supuesto, expongan las consideraciones que crean oportunas para imponerlo a la lista. A mi amigo K. le sigue pareciendo una blasfemia (él tan descreído usando esa palabra) que Borges no recibiese el Nobel de Literatura. Echa espumarajos por la boca. Desde ese día suele no dar importancia alguna a ningún premio que se otorgue a un escritor. Ni siquiera cae en la cuenta de que habrá autores de la relevancia del argentino que tampoco recibieron el agasajo de esa distinción. A Bloom lo lincharon cuando cogió un puñado de genios y no cogió el otro puñado. Igual existen varios, qué sé yo. Le doy a K. toda la razón. Está considerablemente autorizado para echar espumarajos por la boca cuando le dan a Fulanito de Copas el paraíso en forma de premio. Borges no lo tuvo. Yo en ocasiones, en mitad de la noche, me despierto y balbuceo unas palabras de sonrojo. No son espumarajos en realidad, pero a mí me lo parecen. Yo, formado humanísticamente en los clásicos, no puedo pensar en que no colocasen en esa lista antológica a Góngora. Voy a mirar si está. Como falta, ay si falta. Me veo esta noche, ya entrada la madrugada, despertando a mi mujer por los gritos. Me entenderá a medias. Tengo que leer luego unos sonetos. Por si esta noche me pongo barroco.


1 comentario:

Enrique Vila dijo...

Ni idea de cánones. Lo que entiendo es de buena literatura y la que citas me paree estupenda, com esta página que tiene buena literatura. Agradecido por ello. Un saludo.