3.6.13

Un episodio de zoología hostil


Una de las peores cosas que te pueden pasar en un lunes por la mañana es notar cómo un caballo te galopa el pecho. El mío tiene uno a cuenta de mi ánimo, que flaquea a poco que me asomo a la ventana y miro la nube de pólenes ensortijarse en el aire. Al caballo este lo doma el Ventolín y la macumba química de aerosoles que me he aplicado (con paciencia imprevista) nada más poner el pie en el suelo. Al pulmón díscolo se le domestica con los corticoides de costumbre, pero no se deja a la primera. Quiere su cortejo, desea el galanteo de las pastillas, todo ese protocolo rudimentario de idas y venidas hasta que se produce la bajada absoluta de las defensas y el cuerpo, dócil y manso, se arquea y busca drogas con las que calmarse. Busco eso en la docta farmacopea: moléculas de alivio, pequeñas moléculas para que se ahuyente el cansancio y el dolor también.

A veces, en mi cabeza ociosa, sustituyo el caballo malaleche por el hiriente enjambre de abejas. No sé qué es más soportable. Si el trote asilvestrado de la bestia, dejado de la mano de quien la vigila, recorriendo las extensiones tristísimas de mi pecho, o el zumbido encabronado de los insectos, libando mi moral, ocupando todo lo que me queda de aire en el cuerpo. Entretengo con estas conjeturas zoológicas el destrozo de mi pecho, que sube y baja como si acabara de subir seis plantas sin pisar los escalones. Nada que en una semana no esté solventado. Nada que el sillón de orejas en el que voy a sentarme dentro de poco no amengüe. Dejaré que me embobalicone la televisión. Seguro que algo inútil y prescindible me restituirá al placer sencillo de no tener nada en que pensar. Definitivamente no me gusta que me colonicen especies ajenas al amor o a la alegría. Así soy de caprichoso.

2 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Mi solidaridad alergénica. Te diré, si te sirve consuelo, que va menguando con los años. Pero, ¡ay, amigo!, triste beneficio de la edad que ya se irá cobrando otros peajes. Aún recuerdo a la sección de viento de la filarmónica de Boston resoplando por junio entre mis bronquios.
Paciencia, mon ami.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Gracias, mom ami. Estoy un poco perjudicado por los pólenes, que no son criaturas sino otra cosa más maléfica, de más difícil atrapamiento. Me tienen malo. No tienen piedad. Filarmónicas en el corazón, que late sin que se lo pida. >Paciencia tendré. Abrazo grandote.