17.3.12

Los mil dolores pequeños de Charlie Parker




De los seis músicos de jazz de la fotografía solo conozco a tres. Charlie Parker, Lester Young y Lennie Tristano. Debe ser a finales de los cuarenta. Pueden tocar Ko-Ko o On the sunny side of the street, que eran dos piezas habituales de Parker, el frontman, en sus giras por locales nobles y por tugurios de carretera. Hay una escena tristísima en Bird, la película de Clint Eastwood sobre Parker, en la que el músico pernocta en un motel infame, aquejado de mil dolores pequeños, muriendo de alguno mayor e irreparable, ideando la forma de que los bolos den más pasta y puedan pagar hoteles mejores. Dizzy Gillespie, sin embargo, vive en una casa modesta, noble, a la que Bird acude a altas horas de la noche para que escuche una pieza que está componiendo. Dizzy le disuade, le recrimina que toque el saxo en la acera, despertando a los vecinos. Dizzy, con sus gafas de pasta, elegante en un batín satinado, una especie de pequeño proletario del jazz, ajeno a las drogas. Parker, desgarbado, ciego, torpe, viciado, atormentado, aquejado de mil dolores pequeños, pensando en el dinero, en el jazz, en la salvación del alma por el bebop. Quizá la fotografía registre la noche que precede a la escena de la película de Eastwood. Como si todo estuviese comunicado y el aire fluyese sincopadamente.



6 comentarios:

alex dijo...

La creatividad se esconde cuando no hay dolor. No se siente necesaria y se esfuma o se oculta bajo la piel. Los pequeños dolores te mantienen vivo. Al menos de esa clase de vivos que pisan la tierra y caminan sobre las nubes.

El Pájaro era (es) un genio que viaja siempre a mi derecha. Necesito tenerle a la vista para no perder la orientación que a él se le escapó una vez.

Doménica dijo...

Vuelvo a Charlie Parker haya o no haya dolor en mi corazón, pero la mejor forma, no sé si porque Parker, Charlie "Bird", era un atormentado, es cuando me siento mal y necesito darme cuenta del mal de los demás. Es una sensación extraña, que me permito escribir, pero no sabría explicar a los que me rodean. Es curioso esto de la red, Emilio. Una se pone a largar sin freno y luego se arrepiente de las cosas que escribe. Así que firmo con pseudónimo, pero tú sabrás quién soy. Estoy mal y Charlie Parker es un refugio antiaéreo, mi búnker, mi casa en la tormenta, mi cama calentita cuando los demonios vienen y quieren comerme. Ya vienen. Charlie, blow, please.

Isabel Huete dijo...

Probablemente el tormento y la creatividad sean unos primos hermanos que se necesitan de manera desesperada. Tenemos demasiados ejemplos, Bird uno de ellos, como para pensar que pueden vivir el uno sin la otra, y a la inversa.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Sin dolor no hay creación artística. No conozco ninguna fabricada con la alegría. Se repelen las dos, la alegría y la creatividad. Es así.

Julio F.

Juan Pérez Servián dijo...

Hay poco cine bueno sobre jazz. Bird me gustó a medias. Parto de que Clint es un amante del jazz y mima lo que filma, pero yo quería más música, y claro, es cine. No dejo de admirar su forma de escribir.