11.3.12

La fiesta del señor Samsa


Corre por estos días la efemérides de La metamorfosis. Samsa cumple cien años. La fatalidad de Kafka, su don para expresar el tormento de estar vivo. Porque la belleza está ahí afuera, pero a veces pienso que la mejor literatura procede de los atormentados.

6 comentarios:

B. Palomo dijo...

No a veces. Casi siempre. Un saludo kafkiano "today".

Francisco Machuca dijo...

Kafka fue el más grande descubridor de signos en la vida moderna. Para el escritor no se trata sólo de saber observar, sino que es preciso descubrir los signos ocultos en lo que se observa. La elogiada precisión quirúrgica de la mirada de Kafka se hacía escritura en la transmutación de lo visible en signo. La desaparición de las cartas de la muñeca, por mucho que la lamentamos, deberíamos verla como un signo positivo. Es el elemento que, por su ausencia, da sentido al resto de la obra, que es una saga de desapariciones cuya presencia en forma de relatos, de escritura, tiene por función cerrar la herida de la pérdida.

Kafka le dijo una vez a su amigo Gustav Janouch: "El hombre sólo puede alcanzar la grandeza a través de su propia pequeñez."
Ahora ya ni éso,amigo.

Un fuerte abrazo.

Jesús Garrido dijo...

pero si este está presente sin efemérides, aún así, bienvenida sea

José Luis Martínez Clares dijo...

Efectivamente, los atormentados ven la realidad de otra manera. Están dentro de ella. Nosotros quizá la observemos en un escaparate. Saludos

Manolo Delgado dijo...

Es posible que sí, que salvo excepciones, el arte, cualquier arte, necesite del dolor de alguna manera. O quizá a nosotros nos parece más genuino el que suponemos creado desde el sufrimiento o desde la opresión del autor. O desde la locura.

Seguramente es que la adversidad despierta el ingenio del artista, mientras que la felicidad conduce casi siempre hacia la indolencia y la pereza.

alex dijo...

Hay una frase de Kafka que siempre está en mi cabeza: "No encuentra el que busca sino el que no lo hace". Sus libros mantienen su vigencia de dolor. A veces pienso en la maravilla que supone el tener en mis manos en segunda persona el fruto de la angustia de alquien que vivió cien años antes que yo. Eso sí que es poder.