13.8.11

Y se acuerda uno de la oreja de la película de David Lynch...

Aprende el corazón humano en el ahora y no saca luego provecho a lo aprendido. Se hace temerario, se desboca, se perfuma de riesgo y no guarda en su memoria de sangre la experiencia. La tuvimos y la perdimos, como dijo Eliot, y para ese viaje quizá hubiese sido mejor no haberla almacenado, no haber acuñado su moneda vigorosa. Está Europa un mucho en armas. Los apocalípticos se frotan las manos y nombran abismos y citan salmos. Los mansos, los que están a salvo y ven el fragor de las batallas por televisión, en el almuerzo, notan el rumor de los sables, oyen a lo lejos los metales entrechocando, pero duermen con la conciencia en un búnker o no poseen conciencia de esas cosas que sucedan siempre en la distancia, en otros países o, en todo caso, en el suyo propio, aunque en otro barrio, no en su calle, jamás en su casa. Se están los pueblos levantando contra el absurdo Estado del Bienestar en el que no estábamos, a pesar de que se pregonara y de que los políticos lo nombraran continuamente y manejaran sus leyes y escribieran sus discursos en función de ese Estado idílico, limpio, puro y garantista de tantos cosas buenas. No hay tal cosa ahora. La bonanza huyó y se llevó en la fuga la inocencia. Ahora estamos traspasados por lanzas. Ahora nos están sitiando desde dentro. Nosotros somos también los que sitiamos. Es un verano caliente. Es un mundo extraño. Todavía está en mi cabeza la oreja cercenada, dejada en un jardín, llamando a los que no miran.


5 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Si tiene razón Lynch, el mundo es un jerogrífico indescigrable, diseñado por un arquitecto borracho. Si quieres seguirle, tan solo debes moverte en zig, zag, tirar al aire las piezas del puzle y mirar el mapa azaroso que componen sobre el suelo. Esa es la vida.

Emilio Calvo de Mora dijo...

Hago eso a diario, me perturbo a diario, me siento perplejo a diario, pido explicaciones a diario, veo la oreja de lynch a diario...

Miguel Cobo dijo...

De la oreja a la ojera solo hay un paso anagramático. Me recuerdas a mi tocayo Hernández, como un rayo que no cesa:

Tengo estos huesos hechos a las penas

y a las cavilaciones estas sienes:

pena que vas, cavilación que vienes

como el mar de la playa a las arenas.

Emilio Calvo de Mora dijo...

Tanto penar pa' morirse uno, o sea.

Anónimo dijo...

Enhorabuena por el blog! Es total!