3.8.11

La chica de la portada de los Cars


Anoche soñé con la chica que sonríe al volante en el disco del 78 de los Cars. Fue una ráfaga, no hubo historia, ni siquiera algo más que la chica enseñando dientes en la portada del vinilo. Porque ese álbum lo tengo en vinilo. Todavía tengo algunos. Los miro como el que mira una reliquiia, un fleco del pasado que vuelve. De hecho hace tiempo que no manejo discos. Y al paso que vamos ni cedés. Vamos hacia el limbo digital como Thelma y Louise hacia el abismo a 24 fotogramas por segundo. Tenemos discos duros sin portadas ni chicas que sonríen detrás del parabrisas de un coche. No está la niña de Blind Faith ni los puentes psicodélicos en los topográficos álbumes de Yes. Está el archivo frío, dispensado en una décima de segundo. Sonando con rotunda frialdad en unos cascos de muchos euros. Estamos perdiendo algo y no nos estamos dando cuenta.

4 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Las viejas portadas de discos son obras de arte. En la era del fotosop todo es posible, pero el diseño gráfico adolece de esa imperfección casera que caracteriza a la vieja tecnología del corta y pega.

Me gustan las mujeres de boca ancha, generosa. No soy tetómano, pero quizá sí tenga un tanto de bocómano. Será que esa extensión lubrica mi imaginación.

Por cierto, ese volante transparente es un remate kitsch muy apropiado. No quisiera volver a los 80, pero rememorar su estética no tiene precio.

Miguel Cobo dijo...

Se acabó la era McLuhan. Los nuevos algoritmos mediáticos son caleidoscópicos: Una palabra sugiere mil imágenes. El mensaje breve es el medio. Puro conceptismo. El disco duro es puro neobarroco.

Mon ami, c'est froid, mais c'est bon

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Vivimos de las portadas, ahora no sé (en ese plan visual) de qué vivimos. Todo está cerrado. La música está encerrada. No tiene puertas, en fin...

Tetómano no, bocómano sí. Pues me parece muy visual también tu manera de entender la cuestión bucal, Ramón. Extensiones lúbricas hay tantas como usuarios de esa imaginación.


Cantemos, Ramón, como Rosa León: volver a los ochenta después de vivir un siglo... En esos ochenta, ay, ay, nació por ejemplo el yo que ahora manejo, aunque naciera unos pocos años antes, tú me entiendes....


Miguel, buenos tiempos para la lírica, tal vez, pero no para los envases que la contienen. Al menos éstos. Tú francés me excede. Tírale y traduce en la próxima, please.

Miguel Cobo dijo...

Amigo mío, es frío, ¡pero es bueno!