13.8.11

El domador de jabalíes


A lo que viene este hombre es a limpiar la viña que devastaron los jabalíes del laicismo. Los que creen contra los que no. Los que sienten la punzada finísima de la palabra de Dios contra los que sienten otras cosas. Los que dicen ah he visto la luz y los que dicen ah no hay luz. En el fondo, se trata de la vieja historia de siempre. Yo no te comprendo a ti. Tú no me comprendes a mí. Yo, en mi defensa, por situarme y ver las cosas desde una distancia útil, prefiero (como Bartleby) no opinar, pero a poco que abra uno la boca, sin quererlo, termina por expresar una opinión. La mía es de jabalí salvaje retozando a sus anchas por los campos, comiendo bellotas, asilvestrado, libre de pecado y protegido de toda perturbación. Como un buen laico, ajeno al pecado y a las perturbaciones de la moral de los otros, vivo una vida que no precisa padres espirituales. Al mío propio, al que colaboró en traerme al mundo, lo quiero mucho. Con eso me basta para sentirme en deuda con los próceres. Estas algaradas de la fe me han parecido siempre una cosa un poco escandalosa. Igual que un concierto de U2 en opinión de quien no les guste. De hecho Bono tiene un poco de Ratzinger. Será verdad (como decía mi amigo K.) que con la edad uno se esmera en sus creencias, las hace más capitales, las engorda con ahínco, hace que guíen su vida y se empeña en que los demás las aprecien. Las mías, mis creencias, son fuertes. No tienen nada que ver con este señor de blanco, pero aseguro que son fuertes y ganan en reciedumbre y en aplomo moral conforme pasan los años y envejezco. Lo que no hago es juntarme con iguales y recorrer las calles, izando banderas, exhibiendo mis inclinaciones espirituales. Caso de que haga alguna vez eso creo que me encajo una camiseta con la cara de John Coltrane, acoplado a su saxo, soplando (él tocaba para encontrarse con Dios, es cierto) o la de Bill Evans, circunspecto, ensimismado como un pianista en trance consigo mismo, platicando con sus adicciones. De hecho todo esto de lo que estamos hablando es un meritorio inventario de adicciones. Unas públicas, otras privadas. Ninguna tan relevante como para que cueste tantísimo dinero.


7 comentarios:

el hijo de tm dijo...

No veo el látigo. Lo llevará escondido. Qué personaje más poco recomendable.

Ramón Besonías dijo...

Ratzinger anda instalado en ese bamboleo dialéctico con el paganismo (es decir, con el resto del mundo que no sea él y sus cachorros). Debe ser muy cansino eso de creerse en la verdad única, en eso de ver el mundo como un infierno de condenados.

Tengo una amiga que lo pasó muy mal al ver cómo su madre poco menos que creía que se iba a condenar por estar viviendo con un hombre sin estar casada. La madre cogió una depresión, no porque se cuestionara su fe a raíz del amancebamiento de su hija, sino porque se imaginaba a su hija arder en el fuego eterno sin poder hacer ella nada por impadirlo. Dantesco.

Como dice el Nano: entre esos tipos y yo hay algo personal.

Miguel Cobo dijo...

Me sumo a ti, Kaplan. Me sumo también a Ramón. Y, ¡cómo no!, al Nano. Ya ves, yo más que adicciones, poseo (o practico) adiciones.
En barra libre sumaré unas cuantas reflexiones al respecto.
¿Agosto a gusto, mon ami?
(Pendiente el Summertime de Coltrane. La oración del verano:¡Suma y sigue!)

Rafa dijo...

Realmente preocupa más el Papa a los ateos que a la mismísima Conferencia Episcopal. Curiosa fijación que probablemente tenga una profunda explicación: Ciertamente el ser humano necesita creer en algo, ya sea por afirmación o negación del concepto. No hablamos del Dalai Lama porque no conocemos su preceptos y, por lo tanto, nadie se atreve a apoyarlos o denostarlos. Sin embargo, es fácil creer en la Iglesia Cristiana o estar en contra, pues pertenece a nuestra cultura y los sentimientos que despierta los tenemos muy arraigados, tanto que es foco de atención de los ateos (en el fondo creyentes por negación).
La vida no se puede reducir a creer en un IPhone, en la FullHD o en John Coltrane; ya que esto nos reduciría al más absurdo nihilismo material sin trascendencia alguna. Claro, cuando estamos hartos de todo, tenemos dinero y medios para divertirnos, nos parece sencillo creernos semidioses y pensar sólo en el próximo IPad como tabla de salvación; pero nada más lejos de la realidad. Es un pensamiento adolescente, inmaduro y sólo válido para los tiempos fáciles y de bonanza. Cualquier día llegará el gran susto, el problema irresoluble, la situación dramática y será entonces cuando echemos mano de mensajes reconfortantes proclamados por las religiones.
No me imagino al más recalcitrante de los ateos indiferente ante la grave enfermedad de un ser querido, al final aparece el deseo de creer en algo, de tener esperanza y.... mientras, el smartphone permanece en el bolsillo apagado para no molestar.

Emilio Calvo de Mora dijo...

No hay látigo, hijo de tm. Ya no hacen falta.

Ratzinger con su verdad, y viene de gira a buscar más adeptos. Márketing, Ramón. Márketing todo.

Yo tengo, Miguel, muchas adicciones. Ojalá tuviese más. Te hacen vivir, te hacen sentir. Y tan a gusto. Vival el Nano, no obstante.

Rafa, e-mail, please... Es largo para un comentario...

Tomás Fdez. dijo...

Viene a vender humo, a poner a jóvenes a cantar, y Camino y Rouco llaman tarados a los que no compran humo ni bailan. Se van a dar cuenta de una vez que no son de este mundo. No de éste. No.

Ana dijo...

Molesta el boato, que la comunidad de la Aguirre les esté blindando contra los que piensan de otra manera, que tienen a mi entender derecho a decir lo que piensan al fin y al cabo al lado hay quien está diciendo tambien lo que piensa asi que todos tan contentos.
Coltrane no es santo de mi gusto, pero te entiendo.
Yo cogería una camiseta de... Brad Pit.

Buen verano...