28.1.10

Qué solos estamos...


Me hice imprimir este fotograma en una camiseta. Me la puse unos días en verano. La exhibía orgulloso al modo en que algunos adolescentes se colocan prendas de marca. Pensé que alguien se fijaría en ella y entablaríamos una conversación sobre Manhattan o sobre Woody Allen. Nada de eso ocurrió. Guardé la camiseta de mi experimento en un cajón. Me la pondré en cuanto regrese el buen tiempo. Buscaré cómplices. Ayer vi en el videoclub al que peregrino a un tipo con las campanas tubulares de Mike Oldfield bien visibles en la suya. No le abordé: no le dije las infinitas veces que había disfrutado oyendo la primera entrega. Tampoco que las demás, con matices, eran prescindibles. Entonces advertí lo irrelevante de mi Manhattan impreso en la mía, lo poco que nos gusta (por lo general) señalarnos. Lo solos que estamos.
Me agrada la idea de que esa fotografía presida esta página desde que la abrí. Precisamente el próximo agosto hará cuatro años. No he dejado de escribir casi a diario. En breve llegaré a las dos mil entradas. Me imagino que eso es también alguna evidencia de algo. No sé qué. Me encantaría que alguien me lo aclarase. Como si nos vemos en el videoclub y nos decidimos a decirnos algo.

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6 comentarios:

Pedro dijo...

Escribes porque escribir es un ejercicio de libertad.
Porque puedes necesitar dejar constancia de tus pensamientos, de tus preocupaciones,...
Por contrastar opiniones, conocer personas, inquietudes,...
Por compartir, por dejar huella, por vanidad,...
O simplemente porque te gusta. Y volvemos al ejercicio de la libertad

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Libre o no, discutible el asunto, se escribe para encontrar algo. No sé si eso que decían antes de encontrarse a sí mismo. Yo me he encontrando y me he desencontrado muchas veces, y las que quedan, Pedro. Escribo para entender el mundo y, de camino, si puede ser, en el intento, entenderme yo un poco dentro de su vértigo. Escribo por tener la mente fresca. Cuando no lo hago, en temporadas, me siento falso. Cuando lo hago en ebullición, como ahora en este mes de enero, me siento pleno, pero me aturde, me cansa. Sería incapaz de escribir una novela, por ejemplo. El blog delata cómo soy. Hay eso que dices: dejar huella, vanidad. Y además me gusta. Mucho. Pocas cosas hago en esta vida que me den más felicidad (qué concepto) que escribir. Es un rato de idilio absoluto con las palabras. Creo que nada hay en el mundo más hermoso que las palabras. Las intentamos aprisionar, pero se escapan. Escribir es aprisionarlas. Se escribe para no que se desmanden. Buenas noches, Pedro.,

Anónimo dijo...

Me ha gustado más la respuesta que has dado a Pedro que el propio post. Escribes para lo que dices, para entenderte. Yo me entiendo leyendo. Leyendo cosas como estas, por ejemplo. Enhorbuena por el Blog.
Leopoldo Villar

Alex dijo...

Dos amigos y yo, como parte de una broma adolescente, nos grabamos los nombres de compositores románticos en unas camisetas. Yo, por una noche, fui Berlioz. Creo recordar que ligamos (lo que se puede llamar ligar a los 16 años de entonces). Regalé una camiseta de Woody Allen, que a su vez me regalaron a mí, hace poco tiempo. El mensaje fue elocuente: Estás... Lo demás importa poco.

Rocío Díaz Gómez dijo...

Buenas tardes,

Me ha gustado mucho esta entrada, y me ha gustado también mucho la contestación al por qué escribimos. Cuántas veces me habré hecho yo esa pregunta, sola o en compañía de mis amigos también escritores. Yo también creo que se escribe para encontrar algo. Algo que echamos en falta. Como tú muy bien dices puede ser para "encontrar cómplices". Como dice María Zambrano para "defender la soledad". Creo yo que defender tanto la soledad elegida y en ese caso sería "defender", como en otros defender-se de la soledad no elegida. También para dejar huella. Y sobre todo porque yo necesito deshacerme en palabras. Unas veces palabras más poéticas, más profundas, y otras con una pizca de ironía o humor. También a mí me ocurre que si no escribo no me siento bien, supongo que en fondo creo que me estoy "faltando" a mí misma, de alguna forma. En fin... éste sería un tema inagotable. Pero quería dejar constancia de cuánto me ha gustado esta entrada. Ya llevo un tiempo asomándome por aquí, y me gusta tu blog. Enhorabuena. Un saludo desde Madrid, Rocío Díaz

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Borges se veía en el lector y no el escritor, Leopoldo. Tú no vas a ser menos. Un saludo.

Primera y tal vez última experiencia en esto de poner iconos en el pecho. Están mejor dentro. En la cabeza. A salvo de los demás, que no los entienden a veces, Álex.

Gracias, Rocío. Yo también ando ahí, en el juego (no es otra cosa) de buscar un sentido a esto que hacemos que, bien mirado, es egoísta, te aisla, te aleja de los demás. Un amigo mío decía que, al escribir, le quitaba tiempo a su novia. Dejaron de verse. Tal vez fuese mejor. Leí sus versos y conocí a su novia. No es un chiste. Dejó de escribir también, según me contó (vía correo, hace que no le veo) y está felizmente casado. Es un cuento en sí mismo esta anécdota a pie de post.