Dice la pantalla que esta es una sala polivalente. Hay once consultas. Yo voy a la 9. Tenemos números y letras. Z7G6. B4G0. Tengo el O3O4. Lo de la polivalencia responde al modo en que cada uno de ellos va accediendo a la respuestas. Traigo cuatro preguntas. Ninguna es baladí. La paradoja de la sala de urgencias es que la rige la lentitud. La de los números y las letras es que carecen de historia. No se sabe si son livianos o póstumos. Madre no dice nada. Está bien llamar a los que esperan pacientes. Podrían haber sido más pulcros y elegido la forma ‘padeciente’. No existe tal vocablo, lo acabo de comprobar. Las etimologías son una prospección sutilísima en la epidermis de las palabras. La paciencia, que aludía originariamente al dolor o al sufrimiento, obtuvo un rango de una mayor hondura, casi una metafísica. Al paciente le concernía la entereza, cierto mansedumbre ante la adversidad. Como si su presencia trajese virtudes ignoradas, cualidades invisibles. Debe ser la polivalencia que define la naturaleza de esta sala. No doy con alguno de los usos para los que debieron imaginar que serviría. Los familiares miramos la pantalla blanca con esos números y esas letras que se suceden con inexplicable timidez. H5K5. Consulta 7. Un celador recita el nombre y los apellidos del enfermo. Por si no ha mirado la pantalla. Yo lo hago con destreza. Escribo, miro. Atiendo dos pantallas. También soy polivalente. Madre duerme en su silla de ruedas a mi vera. No se queja. Antes dijo: somos muchos. Antes: esto es el médico, no?. Aquí cunde la desesperación, eso advierto. Llevo desde las ocho, no hay derecho, dice la señora de al lado. Se escuchan conversaciones telefónicas. El manos libres es un chivato. Dile a la niña que no esté toda la tarde con la tele. Que ponga el aire. Que cansada. Que esto no tiene fin. Uno de mi edad lleva una hora con vídeos de Facebook. Se oye a un tipo en inglés y música como de circo. Hasta ha echado unas risas. Nadie le reprueba su falta de educación. Yo no tengo gana. Qué conseguiría. Raquel Ortega Luján, anuncia la celadora. Lo está repitiendo. Juan Alberto López López. No están. Igual se han impacientado. María Magdalena Vallejo Cortés. Sigue entrando gente. Gente de verde conduciendo sillas de ruedas con gente sin ánimo. No veo a nadie irse. La polivalencia es catedralicia. Esto es una estancia de la realidad en la que no rigen las leyes de la física. Tendrán que apremiarse o tendrán que habilitar una segunda sala polivalente. B9N6. Consulta 11. Pedro Sánchez Ortega. Se acaba de poner en pie. Dudo que yo me levante con tanta diligencia. Llevo unos días con un dolor en la espalda. Va solo Pedro. No tengo acompañantes, le ha dicho a la celadora. Hay males ocultos, vicios inapreciables. Si esto dura unas cuantas horas más, tendré que pedir una pulsera con mi nombre y solicitar que se me ausculte, por lo menos. Por si dan con algún malestar que se haya ocultado. Por si antibióticos. Por si observación. La pantalla está en blanco. No alerta, no es una pantalla, es otra cosa que no sé entender. Un silencio sin pixelar. Blanco. Crudo, intimidante. No sabes si tardará en activarse o ha perdido el brío y se está lamentando de sus acciones. Me queda poca batería. No soy previsor. Dejo de escribir. O3O4. Me toca.
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