22.4.26

Infancia de los grandes profetas mesopotámicos





A la mecánica celeste no la comisiona de halagos la razón, no la asiste de gozo la ciencia, no la alumbra de júbilos el dios de los hombres. La mecánica celeste es el objeto puro del sueño de todos los profetas. Todos son teólogos. No hay profeta que no guarde un mapa del laberinto, ninguno que le haya hecho salir de él. No hay dios que no tenga al menos un profeta que lo sublime y haga que, en el prodigio de la escritura, en el decir minucioso de la adivinación, se rinda con fatigado afán su catálogo asombroso de causas y azares. La poesía es un instrumento de la divinidad. Todos los profetas son poetas, son teólogos, son etéreos. La religión, un género literario. La literatura lo impregna todo. Vivir es una novelización de la nada hacia la nada. O si se quiere, por arrimar una vía trascendente, de la nada al misterio. Es ese misterio de lo que estamos hechos. Si el poeta cierra los ojos, Dios es ciego; si Él los cierra, el poeta muere. Todo lo que existe es fuego, es ceniza, es fulgor de un milagro que se desvanece al contemplarse, al pensar en su anatomía, en los motivos para que irrumpa. No los tendrá, no los tiene, nunca los tuvo. De ahí que permanezca. Los vaticinios cuentan que las estrellas son letras en el cielo. Está escrito tu destino, mires o no. Todos los que miran al cielo son precursores de la astronomía, pero a veces el ánimo a veces indicios de flaqueza y el atento desaliento se apresta a hacer serio acto de presencia y no se sabe cómo gobernar esa mudanza. Conviene entonces la melancolía. Por lo que supo de nosotros. Por lo que sabrá. Ella convendrá la trama de la tristeza, esa vieja y noble amistad a la que casi nunca concedemos residencia y de la que insensatamente huimos. A ciegas esa huida, fardo torpe su peso. En la infancia de los grandes profetas mesopotámicos está escrita la tristeza del porvenir. El tiempo es un invento de sus juegos. También las leyes. Los oniromantes eran los consejeros de los reyes. Los oráculos provienen de la interpretación de los sueños. Hay quien sostiene que los desmanes que devastan nuestro bienestar surgen de Mesopotamia. Son el sueño escandaloso de algún niño triste. 

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A la mecánica celeste no la comisiona de halagos la razón, no la asiste de gozo la ciencia, no la alumbra de júbilos el dios de los hombres....