1.1.26
Música en la que desaparecer dentro
Andy Bey tiene la voz contenida, como si alardear de un volumen más audible rompiera la emoción o deshiciera algún tipo de voluntad con la que malograr la perfección del silencio. He empezado el año con este disco sutilísimo y el día se ha crecido o se ha menguado, no lo sé bien. Admito que todas estas canciones me han ido llevando por los trajines de la mañana y por la paz (hacía falta un remanso, un valle en esta agreste y a veces demasiado festiva orografía de estas fiestas) de la tarde. En días como hoy, con frecuencia, he hecho balance de lo abandonado en el año fallecido y propósitos para el recién alumbrado. No va a ser así en este. No tengo nada que cumplir. Me iré dejando llevar, haré como si no se hubiera comenzado ni terminado nada. Tengo la experiencia de que los planes, si se urden con anhelo, con ansia, flaquean y, las más de las veces, se desvanecen poco a poco hasta que no hay rastro de que ocuparan nuestra atención. Es falible casi siempre.
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