24.2.18

Némesis en la sopa de fideos




 A Mari Carmen Ruiz, que me ayudó a recordar


Se tiene a veces la cabeza a pájaros. En ocasiones están más a la vista, pero cuidamos de que no aleteen e incomoden a quien nos viene al paso o mantiene una conversación o nos da un abrazo. No es del gusto de los demás que uno tenga la cabeza a pájaros. Se prefiere la entereza, el aplomo, la soltura, el desparpajo, el buen ánimo, la fortaleza. Podría seguir, pero con esas cualidades se entiende cuál es el perfil más requerido. A veces es el dueño de los pájaros el que los reprueba, no quien los mira, quizá todos los tengamos y actúe la comprensión, cierta solidaridad ornitológica. Se ven pájaros a lo suyo, sin que nadie tenga propiedad sobre ellos ni vayan y vuelvan de sus asuntos a los de su dueño, pero no conozco a nadie que no tenga alguno. Se nos va el sentido de las cosas de cuando en cuando. Hoy he sentido que se me iba en al menos dos ocasiones. Una de ellas ha sido lo suficientemente ruidosa como para que esté ahora escribiendo sobre pájaros y sobre cabezas. No es que olvide uno las cosas, ni que tarde en reaccionar o no tenga la entereza, el aplomo, la soltura, el desparpajo, el buen ánimo y la fortaleza de antaño. Sucede, al menos a mí me sucede, que se queda la mente en blanco. No hay manera de que avance. Ni forzándola, ni tirando de voluntad, ni poniendo empeño, ni silenciando el ruido de afuera y mirando hacia adentro con verdadero interés. Cuanto más deseamos llegar a un lugar, más se aleja. Ayer  me agradecía una amiga una recomendación literaria debí hacerle. Digo debí porque mi memoria se negó a recordar el momento en que lo hice. No hubo manera, ninguna a la que yo pudiese acudir, de que entendiese de qué me estaba hablando, cuál era ese libro, ni el título me aclaraba nada (Némesis, Philip Roth), ni la alusión a sus trama (la polio, la justicia divina, etc) No es cosa de preocuparse mucho, de hecho ya lo había olvidado, pero juega la memoria su juego cruel cuando está aburrida y me ha puesto, en mitad de la cena, la palabra Némesis en la sopa. Los fideos la dibujaban con una caligrafía admirable. Duelen estos desquiciamientos livianos, duele que no sepamos mucho sobre lo que nos pertenece, que tengamos poca idea de lo que hicimos anoche y, sin embargo, poseamos un relato fiable y minucioso de lo acontecido hace unos veranos o en la adolescencia. Recordar el nombre del bajista de los Level 42 o el director de fotografía de las películas de Spielberg y no saber dónde fuiste el sábado pasado. Quiero decir no tener ni idea de si te quedaste en casa o saliste, si fue un buen sábado o algo lo estropeó. Nos sucederá a todos, en mayor o menor medida, pero uno se alarma de lo suyo, lo considera extraordinario y no se interesa en si los demás padecen el mismo mal o está más acuciado en quien lo expresa, en quien cree (seguro que equivocadamente) que son muchos los pájaros que se están colando. Adhiéranse, digan que también les pasa a ustedes, aunque sólo sea por rebajar la sensación de pérdida, la de abandono.

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