31.7.17

Jeanne Moreau, in memoriam



La verdad es que no sabía si Jeanne Moreau estaba viva. Hay gente a la que admiras y de la que sabes sólo lo que te dicen las películas o los discos o los libros, por dejar tres disciplinas artísticas en lugar de cinco o veinte. Recuerdo algunas películas de Jeanne Moreau (Los amantes, El diario de una camarera, La noche, Jules et Jim), pero siempre que pienso en ella (como el que piensa en la Revolución Rusa o en el dixieland o en el modo en que las olas rompen en un acantilado, es decir, sin motivo, porque sí, porque uno no sabe el orden en que vienen las cosas a la cabeza ni sus motivos) lo que recuerdo es la portada del disco de Miles Davis que ponía banda sonora a Ascensor al cadalso, que no es una de mis favoritas, por cierto. Fue Miles Davis, al ponerle música, el que hizo que yo entrara en el cine francés. Hoy no toca hablar de Davis sino del carisma de la Moreau, esa es la palabra, carisma, que acaba de fallecer, musa de Luis Buñuel (dice El País hoy) y, en menor medida, de Orson Welles, quien dijo que era la mejor actriz del mundo, por suplir a otras que lo fueron o por la inercia de tener mujeres siempre a su alrededor (Rita Hayworth, a la que hizo enloquecer; Dolores del Rio; Judy Garland). En tributo a los recuerdos que uno va montando para no perderse del todo, he puesto esta mañana el disco de Miles. Lo he metido en la bandeja del CD y he dejado que discurra. He intentado recordar a Moreau en los pasajes, en las escenas que me han ido viniendo, que han sido algunas, pero no las que imaginaba. Flaquea uno, se distancia de quien fue y se acerca a alguien que todavía no existe. Igual esta noche me programo Ascensor para el cadalso. No por necrofilia, sino por egoísmo. Puro egoísmo. Ella sigue andando sola por las calles. 

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