4.12.12

Lang por Wert



No deja de sorprender el hecho de que la lluvia suscite una épica narrativa que no soporta el día luminoso. Hay una tendencia tácita a privilegiar los argumentos del gris. Incluso estoy por aceptar que el noir se hizo arte en el blanco y negro porque el color borra toda posibilidad de tragedia. Esta misma fotografía induce un rico tapiz de tramas que no acudirían si la bañara el sol y al coche no lo abatiera la pertinaz lluvia. La sombra a la derecha, el personaje del que nada sabemos, es el que espolea la épica. De él extraemos toda la fabulosa inventiva que hace de un momento mecánico e intrascendente uno absolutamente relevante, digno de encender la más tibia de las atenciones. Son estos asuntos los que nos consuelan de Wert y de Menkel. En la literatura, en ese palimpsesto de lo real, reside la belleza de las cosas. No sé por qué traigo ahora al tibio ministro de Educación (es mentira eso de la educación en Wert) y a la cristiana Menkel. Uno se refugia en la ficción cuando la realidad lo aturde. Uno se refugia en la ficción cuando la realidad lo aturde, repito. Me refugio, me proclamo patriota de mis vicios, me retiro de todas las demás banderas, reniego de todos los dioses, me planto en la plasticidad de una fotografía en blanco y negro (ay, otra vez carezco de información sobre la autoría de esta maravilla) y me pido un folio en blanco (me vale un procesador de textos) para contarme esta noche las razones de esa sombra de la que nada sabemos. De lo que no sabemos levantamos un mundo. Soy un pequeño dios rudimentario y caprichoso que desoye la admonición del augur (de Wert, qué perra la mía) y se engolosina con lo que hubiese sacado Fritz Lang de este fotograma. Esta noche cambio a Lang por Wert con los ojitos cerrados. Ya me callo.

2 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Esa fotografía es una novela que aún nadie ha escrito. Abrazos

Rafa dijo...

Te lanzas?