5.12.12

Lang por Wert II

  

Jailhouse rock
La cárcel es tan grande que nadie sabe que está dentro. Algunos reclusos, sensibles, sospechan que algo va mal y miran con detalle las circunstancias de la reclusión. Otros, felices en su penitencia, progresan e incluso medran de forma ostensible. Secretamente aspiran a merecer un lugar de más fuste en la instalación. En ningún momento hay motines. A una salida, aunque sea masiva, al patio, en plan queja, no se le puede llamar estrictamente motín. El mercado asume ese excedente de protesta y lo aprovecha. De hecho el mercado contempla la rebelión en su protocolo de hostilidades como una licencia legítima del pueblo, al que se le consiente la revolución con la condición de que se retransmita por cable y la patrocine una de las muchas marcas de productos dietéticos. Nada hay fuera del mercado. La mecánica cuántica examinaría la posibilidad de que en los abismos de la materia exista un plan ancestral que privilegiara al mercado por encima de todas las cosas. Como si un Dios remoto alojara en el interior del caos un orden nítidamente previsto. Como si el primer hombre dibujara en las cuevas la silueta de un cajero automático.

Crying in the chapel
A menudo me hago preguntas a sabiendas de que no obtendré respuestas. Se da el caso de que las encuentro sin que tercie ninguna pregunta que las exija. Ando así a medio confortar. Nunca pretendo llegar al final de las cosas. Me conformo en el arribo a un término medio satisfactorio, uno que me libere de cogitaciones peligrosas. Se va mejor sin metafísica, he escrito muchas veces. Atormentado, hundido en los abismos del espíritu, no aprecia uno los dones de la tierra, las efusiones de la carne y en ese plan telúrico. Soy la oveja feliz que no desea salirse del rebaño ni encuentra placer en la posibilidad de que alguien, preocupado por mis limitaciones, sensible a las dimensiones de mi cautiverio, me informe de lo que me pierdo al no salir jamás. Voy así felizmente con los míos, reconocido entre ellos, oculto entre ellos. Pero de cuando en cuando razono a mis adentros sobre la naturaleza de mi felicidad y no puedo evitar una pesadumbre de la que me cuesta después mucho salir. Tengo muy claro que en esa incertidumbre es en donde me siento más vivo. Soy la oveja feliz que busca, en ocasiones, la presencia de un lobo a quien ofrecerme, la oveja irresponsable, la que busca en el rebaño un igual con el que disentir a medias.

One for the money, two for the show...
Mi abuela lo decía más a las claras: por el dinero baila hasta el perro. Díaz Ferrán es el perro de los telediarios y baila más que bien el rock de la cárcel. Por ahí íbamos al principio del post. Por Elvis y por la Santa Cofradía del Dinero Fácil. Por todos los negocios que han sido y serán y de los que dejaron a unos timados y a otros, ay pícaros, ay tahures, montados en el dólar, que se decía antes. Ahora no hay dólar al que montarse. Dicen que para el trece empezamos a ver luz al final del túnel. Ya todo es túnel y los ojos se nos han ido convirtiendo en otra cosa, pero no ojos. La luz no importa: nos hemos acostumbrado a la oscuridad. Hemos mutado de oveja a topo sin dejar de ser lo que somos, esto es, contribuyentes.

... and no religion too
A Wert, que ayer lo canjeé por Fritz Lang, le tengo todos los días reproches. Siendo criatura de mayor fondo intelectual que yo, admitiendo que es quien, en última instancia, gobierna mi trabajo docente (es el ministro, entiéndase) y decide sobre lo divino y lo humano de mi docencia, le tengo como un personaje a tener en cuenta. De hecho lo evalúo más que a Montoro, pongo por caso. Uno administra el bocado del fisco en mis ganancias y éste, ay, escribe el guión de la tiza en mi pizarra. Antes de continuar, debo consignar aquí mi profundo amor a la pizarra. No he visto yo instrumento de más lustre que éste. En ella se vuelca lo maravilloso del conocimiento humano, sobre ella se despliegan todas las telas del milagro del conocimiento, en fin, no he venido a ponderar el milagro de la vulgar, en apariencia, pizarra sino a evidenciar mi desencuentro con este jefe caprichoso signado por la voluntad del presi Rajoy.  Como jamás escalafonaré a puestos de distinción como el suyo, no me ensañaré con la persona, a la que respeto como eso, como alguien que, en el fondo, tendrá su corazón y buscará que todos sus latidos, setenta al minuto, cien en días de ruedas de prensa, aspiren al bien, busquen la eficiencia y, en útlima instancia, contenten a una gruesa mayoría. Es imposible, Wert u otro, que alguien contente a todo el mundo, pero todavía ando buscando una decisión de este hombre que me haya contentado a mí. Sí, yo soy un empleado más. No soy nada. Solo pido cuatro o cinco cosas, y ninguna se me está concendiendo. Tendrá sus razones. Que las explique.





4 comentarios:

Anónimo dijo...

Contento en estos tiempos de mediocridad de encontrar un castellano tan limpio en su escritura, Emilio. Da igual que hable de jazz o de cine, de coches en la lluvia (magnífico el post de ayer) o de su problemática con la religiosidad, que yo sí que llevo a gala y de la que me siento orgulloso. Discrepamos en mucho, pero me encanta su forma de discrepar y, sobre todo, su forma de expresarlo. Llevo treinta años enseñando literatur entre instituos (ya por fin tengo uno que me llevará a la jubilación si es que Wert no se pone por medio) y llevo los mismos treinta intentando que mis alumnos AMEN el lenguaje, la lengua maravillosa que Dios nos dio. Y no hay manera. Sé que es maestro. ¿Tiene alguna receta? Un saludo, de admiración entero.


Luis Alberto Doval

Joselu dijo...

Parece que Wert era participante de la tertulia La ventana con Gemma Nierga y tenía entonces algo parecido al prestigio intelectual. De golpe el intelectual o presunto intelectual pasa a ejercer el poder político y se ve imbuido de una cierta autoridad. Sin embargo, Wert en poco tiempo ha dilapidado su autoridad en debates estériles y poco oportunos, y se ha hecho esfinge solitaria de un modo de hacer y decir las cosas que ha irritado a la mayoría. No hay terreno en que se meta que no levante las piedras encontrando escorpiones levantiscos. Un ministro de educación debería caracterizarse por la prudencia y la inteligencia. Ángel Gabilondo fue un buen ministro de Zapatero que no dio lugar a ningún dislate como los continuos de Wert. La distancia entre ellos es de una oceanidad. Sin embargo, no dejo de temer los ataques que contra él se lanzan desde esta autonomía en que yo vivo. Puede ser que hay intentado escribir recto con renglones torcidos pero ha vuelto a levantar la piedra donde se agita un nido de escorpiones de los que no saldrá indemne.

A mí me gustaría también tener un ministro de educación menos histriónico, más prudente, más inteligente. Una pena. Ser de derechas no tiene por qué ser sinónimo de estulto, pero este hombre parece que ha unido ambos lados en una metáfora que él representa.

Gracias por enlazarme en tu blogrroll.

Luisma Gómez dijo...

A mí no me paga, pero como si lo hiciera. Lo que hace es marear la perdíz del personal educativo, al que respeto enormemente.
Me parece un verdadero cínico, sin interés en la cultura, un polemista nato que volverá a las tertulias con un pedigri más alto.
Sin duda ninguna.
Una pena, no obstante. Si dejamos la cultura, la educación, el deporte, nos vamos a la mierda.

Lourdes Azpeitia dijo...

Me pueden dar escalofríos? No se parece al Fétido de los Adams? No es para echarse a temblar cuando abre la boca? A que no exagero? Buenas noches y buena suerte, que falta nos haceeeeeeee....