25.2.12

El crepúsculo de todos los dioses




Del cine se extrae la romántica idea de que se puede morir por amor y hasta matar por amor. Luego la realidad malogra el romanticismo, cancela su proyecto de vida.. Pero se deja uno llevar por el más fascinante de los vértigos: la ficción. Aceptamos crímenes terribles, nos aferramos a la legitimidad de que podamos ser engañados, conducidos a un territorio peligroso, pero del que podemos escapar siempre que lo deseemos. Agracedemos que nos manipulen. Que haya quien se arrogue ese rol perverso y se obstine en formular las ficciones en las que no sentimos (en ocasiones) más vivos que en la propia realidad.

Sigue leyendo en La estanquera de Amarcord

2 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Cine, cine y más cine. Esa es la máxima que debe guiarnos. Saludos

Marsola dijo...

... Y LOS SUEÑOS CINE SON, DIJO EL MAESTRO AUTE.