30.11.09

Mapas + El vacío bien ocupado

Mapas
Cree uno que no ha hecho otra cosa que escribir un mismo repetido texto. Que en cada poema, en cada verso suelto, en los cuentos y hasta en los posts de esta carcelaria página está ese texto abierto, roto, deshilachado, convertido en un puzzle monstruoso en cuyo fondo especular está un yo también abierto y roto y deshilachado. Y al modo en que uno no ve lo que le circunda por estar encima en exceso y precisa de una altura para apreciar la cartografía escondida, así estas páginas mías, los textos que manuscribo o que tecleo y luego guardo en el editor del blog o en el disco duro, son esas partes fragmentadas. Lo que ahora barrunto es si la vida no será igualmente un texto, un palimpsesto, un mural de piezas que vamos dejando aquí y allí en la travesía de los días y que alguien, desde fuera, en la altura, lee con corrección y hasta entiende.

El vacío bien ocupado
Tengo propensión a un tipo de pereza muy peculiar que es en conjunto idéntica a todos los demás tipos de pereza pero que se entretiene, en su útero interno, en su fondo primario, en inventar, en fabular con qué entretener el tiempo una vez que la pereza desaparezca y regrese la actividad. Muchas de las cosas que proyecto en esas horas de limpio cansancio luego no conducen a ningún sitio. Son ideas para escribir o lugares a los que ir o amigos a los que visitar. Todo en plan caótico. Todo rezumando fiebre. Todo, lamentablemente, abocado al fracaso. Mi amigo K., pendiente en lo que puede de lo que me pasa, me cuenta que él sufre un tipo de pereza bien distinta. Deja la mente en blanco o en gris o en un color así muy vago que despierte poco interés en quien lo vea desde fuera. Una vez que ha adquirido esa tibieza cromática se embarca en la búsqueda del vacío perfecto. No pensar. No decir. No hacer. Me jura que lo consigue nada más proponérselo. En minutos. Yo lo he intentado hoy mismo, después del almuerzo. Me he sentado en un butacón y he cerrado los ojos. Ha faltado poquísimo para caer en el sueño conciliador. La mente en blanco, en gris, pero por la vía directa. Sin retórica. Sin la mística de los libros leídos.

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11 comentarios:

Ana dijo...

Guau, reguau: un punto el post. Me ha gustado eso de que somos un texto. Y ¿quién nos lee? Me suena haberlo leído antes, pero lo cuentas maravillosamente. Me ha encantado.

Isabel Huete dijo...

Mejor no mirar desde las alturas no vaya uno a caerse; además yo tengo vértigo. Mejor a ras del suelo.
No sé si somos texto; más bien textura para dejarnos palpar.
Has escrito algo muy especial.
Besazis.

Hildegart dijo...

La idea de que somos un libro es antigua. He pensado al leer esto en lo de las aguas que nadie baja dos veces de Heraclito, y la verdad no sé todavía bien por qué, pero me ha hecho pensar en todas esas cosas que antes me gustaban y que ahora tengo muy muy descuidadas. Leemos y nos leen. Muy refinado. Enhorabuena por el Blog.

Pedro dijo...

A todos se nos va "el santo al cielo", aunque algunos se sientan ateos. A mi, en demasiadas ocasiones. Cuando no me interesa demasiado una conversación, sin querer, lo prometo, pongo el automático y, cuando me doy cuenta, estoy en otro mundo y no sé ni que contestar, ni por donde va el tema.
Bienaventurados los que con facilidad desconectan de la simpleza.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Nos lee el otro, el vecino, el hijo, el amigo, la mujer. Somos leídos todos los días. Nos leen y también, al leernos, nos escriben, Ana...

A ras de suelo hay ventajas. E inconvenientes, Isabel. Desde arriba, a veces, sólo de vez en cuando, hay una perspectiva muy útil. Sana, incluso. Besos. Como siempre.

Curiosamente hace un par de días le cité a mi hijo, que ya va tomando nota del caos febril y de las conjeturas y de las parábolas del tiempo, a Heráclito. Hoy vuelve. Curioso, de verdad. Refinado no sé si es. Gracias, Hildegart.

Desconectar del todo es malo. Te pueden pillar, aunque para lo que uno a veces oye mejor no oír, amigo Pedro. Haces bien, en todo caso, en desconectar. Hacerlo sin querer es propio de ser buena gente y educado y todo eso. Hay que hacerlo, a veces, tú sabes por dónde voy, a posta, queriendo. Entonces, más que perder uno, gana. Abrazos.

Anónimo dijo...

Lo acabo de imprimir y si no te importa, con tu permiso, lo voy a pasar, dando tu página, por supuesto, en mi clase de Escritura Creativa. No tengo un blog o una web, pero la hacemos entre unos pocos amigos, en plan doméstico y amateur, no creas, y hemos pensado que tu texto, el primero, sobre todo, nos interesa mucho. Hasta que no respondas no meteremos mano al asunto. Gracias, de antemano. Luis/Borja/Ana/Felipe Mª

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Por supuesto, ningún problema, todo lo contrario. Pasadme dónde es el Curso, en fin, la información que podaís... Gracias...

Anónimo dijo...

Me gusta mucho tu página y da la casualidad de que justamente ahora leo a Charles Bukowski, el mismo libro, en la misma edición, y estoy sobrepasado. Me gusta mucho. Bukowski requiere una atención especial. Está el personaje, y está el autor y luego los personajes que están dentro de sus palabras. Lo conocí hace años pero he vuelto ahora precisamente a su lectura, y no me arrepiento, en absoluto. Reitero lo bien que me ha parecido tu blog. Saludos "onubenses". Lara Pastor

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

A mí me gusta Bukowski a cachos, digamos. Y en ese trozo en el que estoy dentro me gusta mucho. Luego reconozco que me llega a cansar. Ahora "devoro" su poesía. Verso a verso. Leo poemas todo el día. Cuando salgo de la cocina, cuando entro en el cuarto de los libros, cuando preparo la ropa para el día siguiente. El tomo de DVD me sigue. Lo he sacado de la Biblioteca de mi pueblo, pero creo que merece un sitio en casa. Lo buscaré. Un abrazo, Lara...

Anónimo dijo...

glub glub glub. glub blub blub. blub blub blub.

Anónimo dijo...

el blub lo quería poner en Randy Newman. Perdón. Rafa