1.9.09

Enemigos públicos: la realidad no supera a la ficción



Tengo a Michael Mann como uno de esos pocos directores que garantizan cine de calidad. Uno de sus méritos es matrimoniar esa calidad con el entretenimiento puro. Al cine se le encomiendan muchas funciones, pero la más visible, en la que más coincidimos todos los cinéfilos, es la de procurarnos una evasión inteligente. A medida que uno se fideliza a un patrón personal, a una manera de vivir el cine y de amarlo, va entendiendo qué puede aceptar y qué no, dónde está el esplendor y dónde el desencanto. Y en muy escasas ocasiones hay películas que, exhibiendo ese esplendor y fajándose de cualquier atisbo de mediocridad, no acaban de llegarnos al corazón y, más importante todavía, quedarse ahí para siempre. Algo parecido sucede con Enemigos públicos, la refundación en pleno siglo XXI de unos de los géneros más cinematográficos que existen, el de gángsters.
El mismo cine, su historia, ha sido engrandecida, sublimada y amplificada por este género. No hay cinefilo que no haya mamado clásicos con metralletas Thompson, carreteras secundarias, mujeres fatales, timbas, asaltos a bancos y forajidos de todo pelaje y extracción, héroes y villanos, policías comprados y policías íntegros. A lo mejor, por todo estoy que estoy contando, el cine de gánsters es universal: cine inductivo por excelencia. Lo que cuenta va de lo particular a lo cósmico y así lo entendieron Howard Hawks, Raoul Walsh, Martin Scorsese, Jacques Tourneur, Brian de Palma o William A. Wellman, por citar algunos de los que me vienen primero a la memoria. Lo que ha hecho Michael Mann no entrará en ninguna antología del género por más que su factura técnica y su caligrafía narrativa se ajuste a lo clásico.
Mann cuenta de forma impecable la historia de John Dillinger, pero lo que no entusiasma, incluso lo que termine por cansarnos, es esa misma historia, que está tan lúcidamente tallada que resulta monótona, carente de cualquier mínimo indicio de sorpresa, inscrita (con grandes letras, cómo no) en un tipo de cine que a mí particularmente me resulta, las más de las veces, aburrido y que consiste en fusilar la biografía de fulano. La vida del tal Dillinger es interesante y despierta interés, pero no deja de ser un bucle abierto, una especie de abono táctico a la fórmula narratiiva más simple posible: yo me escapo, tú me atrapas, yo me vuelvo a escapar, tú sigues buscándome, yo escapo otra vez y al final tú me matas. Ése, muy rudimentaria y simplificadamente escrito, es el juego de Dillinger y Purvis, perseguido y perseguidor, villano y héroe, aunque en ese aspecto, Mann se encarga de contarnos, aunque sea muy escoradamente, a ratos y sin excesiva insistencia, en el carácter popular del forajido. Dillinger cae hasta bien: como una especie de Robin Hood moderno.
El biopic de Mann no da para dos horas y pico de metraje: hay un exceso de acción que no aporta mucho al desembrollo de la trama. Mann busca cierta dulzura. Prefiere el romanticismo a la rudeza, da más importancia al Dillinger atormentado, al gángster enamorado y cívico, que al delincuente amoral al que las balas de la justicia sentencian a la salida de un cine. No convence tampoco el relato galante entre Dillinger y su novia. Ni la existencia de Purvis, el hombre de la ley, el justiciero melancólico, excesivamente introspectivo. Casi todo termina por aburrir. Y uno piensa en qué pudo fallar, visto el majestuoso despliegue de talento y de interés puesto al servicio de la historia. Quizá falle la historia, el guión, la translación a fotogramas de un argumento hipotecado por la realidad. Mann y sus guionistas han priorizado la verosimilitud, el historicismo, la versión cartesiana de la historia. Y ahí es donde todo se ha ido al traste.

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3 comentarios:

Isabel Huete dijo...

Yo creo que las historias ya conocidas y vistas, por muy bien hechas y relatadas que estén, nunca pueden sorprendernos o instalarse en el corazón, como tú dices. Y la historia de Dillinger está tan manida.. Me gusta mucho M. Mann pero creo que ésta no iré a verla.
Besis.

Godzilla1973 dijo...

Estoy a medias de acuerdo. Me gusto muchísimo. Eso de que cuenta una historia verdadera, pues, a ver, qué quieres que te diga, pues hay historias de la vida de verdad que pueden ser llevadas a lc ine y disfrutarlas. Mann es un genio. Las escenas de violencias son simplemente una maravilla. Me pàrece que has sido un poco exagerado en tu critica, aunque la respeto y está cmuy bien escrita.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

La ficción supera a la realidad o viceversa. Una de dos, Isabel. En este caso, a pesar de Mann, a pesar de Johnny Depp, que me encanta, no me entró la historia. Está manida, eso es. Espera a que salga en DVD y te metes una sesión de sofá. Mala, evidentemente, no es, en absoluto

Godzilla, Mann será el genio que dices. He disfrutado Collateral, que me parece una película estupenda. Disfruté Heat, así a bote pronto. Las escenas de violencias serán maravillas, no lo dudo, pero no me llega al corazón, que es lugar en donde deben de llegar ciertas películas. Y ésta, a mi pesar, ganas tenían, no.