21.11.06

SAW III : El gore franquiciado




Saw III es una franquicia con vísceras y carteles de infarto: es fast food orgánico y retorcido para almas inquietas ya de vuelta de casi todo y ajenas ( o indiferentes ) al rutinario programa de cine serio con amores que se rompen y brochazos sentimentales de familias en crisis.
Saw III es cine de serie muy B con un tufo a gallina con conciencia de que los huevos que pone son de oro. Los motivos del prodigio en taquilla y del innegable tirón en el mercado del dvd provienen de su planteamiento ingenioso, inteligente, en ocasiones, aunque la fórmula, por sobada, se ha quemado pronto y ya no, la verdad, para mucho.
La hibridación entre cine gore y cine comercial da para que el fenómeno dure diez años más. Nuevas generaciones se refocilarán con las proezas del Jigsaw, que vendrá a ser el nuevo Freddy Krueger dispuesto a degollar la moral del espectador más benevolente, cauto y timorato.
Hay una muy ligera, brevísima referencia a Seven, aunque en el campo narrativo y en el craso campo estilístico brillaba a una altura infinitamente mayor, dándole al género un empaque nuevo, una dignidad de la que adolecía por mor de toda esa riada de adolescentes que van al cine para ver cómo el cabrón de turno degüelle a la rubia con silicona y botox en el cerebro.
La decena larga de films con ese estilo entre lo apocalíptico y lo venéreo puebla con intención de residencia perenne las estanterías más briosas de los videoclubs de barrio, que son mi perdición cuando las pantallas no entregan golosinaje de postín o cuando el tiempo, en fin, qué vamos a decir, no da para ir a la sala grande con toda la frecuencia que uno quisiera, pero no nos apartemos del propósito fundamental de estas letras.





Saw, insisto, es cómplice de esa argamasa perverse y pide, a cada entrega, otra más extrema: más escorada al truculento atropellamiento de asesinatos.
Y si las dos primeras entregas resultaban agradablemente desconcertantes ( yo hasta tuve mi rato de reconciliación con el género en la primera, la mejor, sin duda ), ésta tercera resulta decepcionante, por repetida. No desearía que el amable lector pensase que la película es mala: no es eso. No importa aquí dejar claro si es bueno o mala a los ojos de este cronista espontáneo. Lo verdaderamente noticiable es que el fenómeno Saw va hacia adelante: triunfa, arrasa, da en la curiosa diana de la sensibilidad de este nuevo público moderno, ávido de sensaciones fuertes, deseoso de salir de la sala con un punto de azoramiento, de nervio loco girando como una peonza en la boca misma del estómago.
Me imagino yo que el guionista, cuyo nombre ignoro, se ha cansado ya: ha tirado de los vicios anteriores, también de alguna virtud aceptable, y ha producido, sin esfuerzo, una continuación no desechable, aunque innecesaria. El dinero, en este caso, es el reclamo, el perro de Pavlov, la guinda que pone color al cocktail.
En esta entrega el guionista se ha fugado con la hija del productor y ahora no dudo que anden tomándose en nuestro nombre un daikiri en cualquier Hilton del Caribe, lejos del tumulto de Hollywood, bien amamantados de lujuria ajena.
En este número de la cuenta, Jigsaw, en adelante el psicópata en continuo problema con el mundo, se muere, aunque ya sabemos que lleva muriéndose dos películas. Se muere, digo, pero se apaña una secuaz con idéntico grado de perturbación que perpetra, a su modo, no desvelemos más, el alambicado plan de venganza de su mentor en el crimen.
La serie se atropella de sobresaltos y ya no asusta: el rebanamiento número diez no inquieta lo más mínimo. El primero, a qué negar esta evidencia, sí que nos puso el alma en un tris de desbocarse y dar de bruces con el caballero de la fila de delante, que parecía, en la distancia, en la retaguardia, un maniquí, un sujeto completamente desarmado por la elocuencia canalla de las imágenes.




Vendrá el Saw IV este verano: esperan y verán. Vendrá Jigsaw, el Puzzle castellanizado, con nuevas argucias, con una mala leche renovada y colas de público ávido de marcha.
Vi anoche en mi videoclub de cabecera a dos mozalbetes que se explicaban, a su manera, las formas y los fondos de los Saws anteriores. Uno la defendía con ardor. El otro, más atinado, las arrumbaba al pantanoso almacén de las películas de consumo rápido. Fast food, digo yo, pero no seamos falsos: el cine está plagadito de bodrios de esta calaña, y más quisieran muchos llegarla a éste a una meridiana altura, porque aunque despotrique en su contra con adjetivos airados y saña edulcorada, admito que he entrado y he soportado, sin excesivo rubor, con dignidad, el tramo largo de retorcimientos ( ésa es la palabra más ajustada ) mentales. Y quién sabe, igual estoy en la fila siete, en agosto, cuando quieran darnos otra sesión de carne quemada y de borbotones de marketing. Además la sorpresa del final, en esta ocasión, cuela menos: o nada.



Así que otra de tortura para la masa.

1 comentario:

Sir Laguna dijo...

Que bueno que no fui el unico a quien dejo frio (porque no me intereso demasiado) el giro final de Saw III, porque mi novia y mis amigos salieron como si hubieran visto la pelicula mas epsectacular de todos los tiempos!

De todos modos, pasate por mi blog, alli hay mucha info de Saw III y de Saw IV (Octubre 2007).

http://cinedehorror.blogspot.com