4.9.06

LA NOCHE DE LOS GIRASOLES : Thriller rural


Esta es la película que habrían firmado los hermanos Coen, caso de haber nacido por estos lares. O es la película a la que un Camilo José Cela hubiese puesto su firma como guionista, que es decir mucho de esta opera prima de truculencias moderadas y tragedias provincianas de las de toda la vida.
También he visto a David Lynch: como esos personajes de Terciopelo Azul que fatigan las calles en busca de redención y que, al final, encuentra en la desolación de su vida el paraíso que venden los púlpitos y los venderos de bíblias a domicilio.
Cabezudo esboza el ocre de la España profunda, ese color tristísimo que escala los muros y devora sin compasión el verde de los tejados. Es la España que alguna vez hemos visto esbozada en la rancia iconografía de algún pasado no necesariamente remota, remozado aquí, investido de una liturgia opresiva.
Los actores bordan los personajes, que son extremos, y se arraciman alrededor de un tour de force narrativo complejo que, en ocasiones, puede despistar al espectador poco cómplice. Basta consentir que los capítulos en los que se monta el guión pertenecen a un hilo necesariamente alambicado, pero estricto, útil, sin fisuras.
Para ser una obra maestra, la que algunos querrían para echar a volar nuestro alicaído thriller nacional, si es que así queremos llamarlo, le hace falta un tono menos grandilocuente. La magnificencia de los sentimientos que pueblan la película no beben en la dramaturgia de Shakespeare sino en el nutritivo corpus de la tradición folclórica rural.
Si Lynch la viese, la vería suya.
Y eso es un piropo enorme.

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