9.8.06

1: SILENT HILL : El videojuego se ha hecho adulto





Sin saber todavía si asistimos a una película o a un videojuego dramatizado, Silent Hill no convence ni a espectadores de cine de toda la vida ni a habituales de videoconsolas que quieren ver en pantalla grande los sofocos exisenciales de su heroína, perdida en un pueblo de fantasmas en busca de una hija. Tampoco hunde como querría su discurso narrativo en las tradiciones románticas de cuento a lo Propp. Desaprovecha la textura dramática de los personajes, que salen aquí y allá sin prácticamente nada que aportar al argumento.
Abusa de la estética MTV de videoclip caro en dos horas y poco de apoteosis de la superficialidad. Me quedo con la niebla sublime que cubre Silent Hill. Quien vaya al cine a encontrar gore puro, va a descubrir un híbrido lánguido cuya estructura es dispersa, cuando no, vacía. Que el protagonista sea una mujer, a comentario del director, daba una credibilidad mayor a su misión, esto es, hallar a la hija perdida. Arañar esos flecos sentimentales, apurar esa visión constructivista de melodrama barato, más que dar empaque al producto, lo frivoliza, lo deja a una altura triste. No fuimos tampoco a ver cine, comentó un amigo. Podíamos haber perdido mejor el tiempo en casa, sacando de videoteca, Las uvas de la ira, de John Ford. Esta noche yo me la voy a poner y volveré a disfrutar de otra visión de la América Profunda, tan trillada, pero esta vez con dulzura infinita y Arte, así, en mayúsculas. Bendito es el cine que dispone de joyas para aliviar el alma.





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