7.4.15

Mi cabeza

Empieza por esta época mi ablandamiento orgánico. Empiezo a renquear por un pulmón o por los dos, según lo atronadora que suene la tos que expulso. Tengo los ojos encharcados o a medio encharcar. Aprecio que no tengo el brío que hace pocas semanas, si es que algún brío tuve. Entiendo que son los peajes de las alergias que me invaden, todos esos pequeños bichos cabrones que me postran. Vean a este hombre debilitado, comprueben lo poco recio de su porte. Percibo esto con nitidez en cuanto pongo el pie el suelo, nada más despertarme. La sensación de que el día va a ser largo o la de que no podrá uno sobrellevar las novedades que se presenten. La rutina se lleva con cierta elegancia. Lo nuevo, lejos de entusiasmar, disuade, No quisiera uno esta fragilidad, pero es el cuerpo el que manda. A él le encomendamos en ocasiones la provisión de los placeres, pero hoy - ayer, no dudo que también mañana - el mío es un accesorio secundario, obstinado en malograr la felicidad que merece mi pensamiento, la voluntad de mis ideas, toda esa maquinaria oscura que ocupa mi cabeza y hace que prefiera el café con muy poca azúcar, la cerveza de abadía o los títulos de crédito de Saul Bass, pero es ponerse mi cuerpo a mendigar atenciones o a publicar molestias y mi cabeza se viene abajo, mi pensamiento flaquea, todas las buenas ideas, las nobles juntamente con las hermosas, decaen, exhiben su lado débil y terminan abandonándose, diluyéndose, haciéndome ver que en realidad nunca estuvieron allí, ni me formaron, ni me procuraron el júbilo que aún recuerdo. Tiene el cuerpo su capricho, obra a su antojo, se esmera en contrariarme a veces, pero luego está el cuerpo dócil, el manso, el cuerpo amable y agradecido, al que se le encienden todas las luces cuando se le asiste. El mío, más de cien kilos de presencia tangible, lleva casi cincuenta- dejemos ahí las cifras por el momento - lidiando con mi cabeza, agradándola a ratos, fingiendo que está de su lado en otras, ocupándose de que no se lamente como oficio y entienda que el dolor es irrenunciable a la condición humana, que incluso el dolor, aplicado sin saña, lo forma, lo viste, lo describe. No sé si soy más de mi cuerpo o de mi cabeza, si es que una cosa y la otra pudieran ir separadas, aunque sea figuradamente; si estoy sano y libre de quebrantos, por un lado, pero mi cabeza navega en mares procelosos y se hunde en simas tenebrosas a diario. Quizá cuente andar en un aceptable término medio en el que se sobrellevan los rigores de la edad y no se enmohece en demasía la cabeza con las grandes preguntas ni tampoco con las pequeñas. Un poco dejarse vivir, podríamos decir. Si he de inclinarme por mantener feliz a uno, si me veo en ese brete - ah qué hermoso vocablo el brete - elegiría la cabeza. Uno viviría infinitamente en su cabeza. Todo, al final, acaba claudicando en ella, alojado en ella. Tengo mi cabeza tan aleccionada que le pide de continuo que no me desatienda el cuerpo y lo contente con los paliativos que se le vayan ocurriendo. Que no lo olvide enteramente. Que si le ocasiona un estropicio no sea irreversible, pueda uno volver a donde le respondieron las piernas o el pecho o el ánimo. Ah mi cabeza, mi país más mío, mi integridad absoluta, mi mayor posesión, mi tesoro. Y si un día se me desquicia, si no la gobierno y va a lo suyo, como un miembro díscolo y travieso, si dejo de escribir y el mundo se me pone oscuro, podrá decir alguien que fui su dueño un tiempo y éramos buena pareja. 

7 comentarios:

J.M. Sentís dijo...

Cantaban los Golpes Bajos: estoy enfermo, cómo envejezco. Me permito envejecer felizmente, aquejado como estoy de achaques, creyendo que al menos la vida fluya por mis venas. Es mi versión optimista. No es triste la tuya. La veo feliz también, encarando el dolor y el malestar de un modo festivo, mucho en algunos pasajes. Escribes muy bien. ¿No crees que escribir bien es consecuencia de estar mal de alguna manera? ¿Se escribe bien desde la felicidad "total" ?

Miguel Alcántara dijo...

Brillante disección. A las palabras se les debe sacar toda sangre.

Ana dijo...

La salud no es lo más importante, no. Es no sentir dolor. Podemos estar malos, y soportarlo. Y no me pongo trascendente, que va. El dolor es el terrible, no sabemos llevarlo, como dicen arriba.
Una manera de liberar demonios...
Sin duda.

Joselu dijo...

Mens sana in corpore sano ... don't forget it.

Manu Mancera dijo...

Bravo maestro! Escribes muy bien! Bicharé por tu blog si me permites, un saludo

Fran Carrera dijo...

No veo un hombre enfermo. Veo a un creador grande

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Envejecer sin tristeza, sin pensar en qué hay detrás, igual que no se piensa a diario. Hay días que son vidas completas, Sentís. No sé eso que dices: si se puede escribir desde la felicidad absoluta. La he tenido a ratos, y no me dieron ganas de contarla. La tristeza es otra cosa...

A la guerra con las palabras, Miguel, muy bien.

Del dolor habría que ponerse a hablar en serio. Estamos muy poco o mal educados a soportarlo. No se enseña eso. La filosofía es una vía, pero nos meten la religión para suplirla.
Un abrazo Ana

No, Joselu, no. A veces sí, a veces sí, qué le vamos a hacer.

Gracias, Manu. Muchas gracias. Entra. Tu casa es.

Enfermo sí, grande de tamaño, también, Ya está, Fran.