28.4.15

Cosas que hacer si uno no es de los que queman guitarras



Pete Townshend las machacaba a golpes contra el suelo del escenario. Las cogía del mástil y las reventaba a conciencia. Al principio no fue a posta, parece que fue un accidente, un imprevisto, pero no siendo un virtuoso, apreció que no sobraba ese floritura plástica, la de exhibir una pose guerrera, un poco iconoclasta, de inconformista o de anárquico. Jimi Hendrix las quemaba y se quedaba mirando como ardían. Me pregunto qué tendría que quemar uno o a qué objeto le encomendaría la misión de liberarnos, ya que no es de guitarras, ni se va a poner a incendiar el teclado del ordenador o el mando a distancia de la televisión. Se tiene una edad en la que las endorfinas se buscan sin alharacas, procurando no llamar mucho la atención, pero hay ocasiones en las que se querría ser Townshend o Hendrix y aporrear algo. Debe ser una de esas cosas que no se ha hecho en su tiempo y queda larvada, a la espera de que una circunstancia propiciatoria la desenclaustre y nos haga sentir el vértigo de la satisfacción absoluta. Yo encontré anoche ese placer escuchando a Wim Mertens, pero no se enteró nadie. No se me escuchó aullar por la tromba de sensaciones dulces, ni bizqueé, aturdido por la descarga de oxitocina. Me mantuve cabalmente, sin que ninguna evidencia física expusiera el roto producido adentro. En ocasiones, la poesía me transporta a ese sitio al que iba Townshend cuando le daba el subidón en el escenario y se le ocurría incrustar la guitarra en los altavoces o a Hendrix cuando les prendía fuego. Hay muchas formas de salir de uno mismo sin necesidad de hacer ningún viaje astral o acudir a un gurú esotérico o a un chamán o a un sacerdote del barrio. Imagino que cada uno posee su propia receta y se la cocina privadamente o en público. La idea es que alguna haya. Toda esa gente gris que no sonríe nunca y parece que todo el mundo le adeuda algo son los que no tienen nada que les libere del peso de la realidad. Porque mira que pesa la muy jodida. Pesa hasta que se te borran las palabras en la cabeza y solo la miras y asientes con la cabeza y dejas que te invada. No hay quien no sienta ese peso, quien no haya buscado métodos con los que mitigar la presión o hacerla, al menos, soportable. Hay quien escribe sonetos en la intimidad de la noche o quien escucha a Mertens o quien corre por los parques a media tarde. Poseo la capacidad de administrar mis neurotransmisores a capricho. Los hago volar o los mezo, acunándolos, dejando que confíen en mí. Tengo esa capacidad y no la tengo al mismo tiempo. Hay días en los que el ánimo flaquea, en los que no te hace nada Struggle for pleasure, la pieza monumental de Mertens que ahora mismo está sonando mientras escribo esto y son las once cuarenta y ocho y el martes va desvaneciéndose y en casa no se escucha casi nada, poco, no sé, el ruido que hacen mis dedos cuando golpean el teclado logitech negro inalámbrico que me asiste en mis desvaríos y al que le cuento qué mal padezco y qué bien lo cura. No entra en mis cálculos quemar nada, incrustar ningún objeto en otro en donde no corresponda o correr a media tarde. 

4 comentarios:

Joselu dijo...

Yo también estoy escuchanco en spotify Struggle for pleasure. Mi incultura musical es paradigmática e inmensa. Nunca he tenido oído y la música es algo que me acompaña pero no sé degustar como otros oidores más afinados. Yo no sé qué tendría que quemar. Lo cierto es que cada vez encuentro menos motivos para indignarme contrariando al panflero rebelde de Hessel o José Luis Sampedro. La calma me acompaña y huyo de esos momentos en que sube la tensión en cualquier sentido. Eso me libera de picos. Tal vez para romper guitarras y quemar teclados tienes que ir hasta arriba de alguna sustancia, algo que no añoro ahora. Aprecio la planitud de ánimo que me permite vivir sin excesivos sobresaltos como los que acostumbraba en otras edades. Me falta la rabia, la ira contra algo o contra alguien. Y es que no odio ni a los banqueros o los políticos. Eso me preocupa. La vida es tan compleja y son tan variadas las estaciones por que pasamos que uno piensa que es un tren correo como los antiguos que eran mucho mejores que los AVES de ahora. ¡Cómo añoro mis noches en trenes correo atravesando España hasta Galicia o Andalucía! Era un micromundo el que se producía por la noche en la intimidad de los vagones que traqueteaban. Yo callaba y escuchaba las confidencias de la gente en la penumbra. Era un prodigio para el aprendiz de escritor, ese que sé ya de sobras que nunca seré ... pero ya no me preocupa. Entre la falta de ambición que acumulo y la carencia de ira se me van los días, unos detrás de otros y no son necesariamente malos o desaprovechados. Vale.

Fernando Abasco dijo...

Extraordinarios los dos textos, el de Joselu y el tuyo, amigo Emilio. Da gusto leer estas cosas, encontrarlas de gente afín.

Setefilla Almenara J. dijo...

En This is it, los malogrados conciertos que Michael Jackson preparaba, al final del tema Beat it Jackson se quitaba la chaqueta y la tiraba, al contacto de esta con el suelo comenzaba a arder, mientras sonaba un cañero solo de guitarra eléctrica a manos de una rubia. Se conoce que el fuego gusta en los escenarios, fuegos controlados huelga decir. Sucede que la realidad pesa y, algunos como nosotros acudimos al teclado a contarnos cuanto pesa, a compartir la carga, también.
Qué placer leerte.
Un abrazo.

Julia L. Pomposo dijo...

No conocía Struggle for Pleasure ni a Wim Mertens pero me fuí inmediatamente al youtube para ver que era lo que te había hecho alcanzar ese estado de gracia y enseguida lo comprendí, gracias por habérmelo dado a conocer.
Saludos y te sigo