22.2.15

Un bucle

No, no está el domingo especialmente creativo, aunque a las siete en punto encendí el ordenador, di rápidamente con una carpeta con el nombre provisional del proyecto, preparé la mesa de trabajo y dispuse los folios en sucio, las hojas manuscritas, los cuadros en los que se perfilan los personajes y todo lo que se me va ocurriendo, esparcido con primor, pero recogido después -no mucho después, la verdad - con un poco de tristeza. La que da no dar con el tono que haga discurrir fluidamente todo lo demás. Escribir una novela, la largamente aplazada novela, requiere que yo aplace todo lo demás, imagino. Incluyo familia, trabajo y hasta una parte de mí mismo que uno no está dispuesto a dejarse arrebatar. Y no es posible tal cosa. No, al menos, ahora. Y si ahora no se puede, por las causas sospechables y por las que barajo yo solo, no sabría decir cuándo. Tengo un par de amigos - P. y A. - que sostienen que nunca voy a escribirla y razono que llevan razón. No porque quizá no sepa y yo me haya convencido de lo contrario. Pensé anoche que hoy sería el día uno, ese día fundacional, que luego se recordase, y me levanté con entusiasmo. Puse a Bill Evans, me preparé un café y consideré cómo poner a funcionar la trama, desde dónde abrirla, y ahí quedó prácticamente todo. Lo cuento para que no ocurra de nuevo. Las ilusiones sirven para tener otras, quizá solo para eso. Mientras se tienen, el mundo gira y hay un plan que hacer y hay un país que conquistar. 


4 comentarios:

Joselu dijo...

Tal vez seas fundamentalmente un escritor de fragmetos que conforman en su conjunto una novela sin los elementos propios del género. Tu prosa dibuja un mundo personal desprovisto de aristas y caracterizado por el escepticismo y el estoicismo. Solo aparecen las cosas que amas sin ese componente que detesto que es el azúcar (aunque en la coca de panadero me encanta). Kafka era un autor que solo escribió una novela. Le costaba enhebrar relatos en fórmula extensa. Puedo entenderlo porque yo me sé incapaz de construir una. Hace falta otro temple, otra continuidad que no tengo. Cuando empiezo a escribir una página sufro tales transformaciones que cuando la acabo ya no soy el mismo o ya no estoy en el mismo lugar. ¿Cómo voy a escribir un relato coherente de trescientas páginas? Eso se lo dejo a las mentes unitarias. Pero no es poca cosa ser escritor de fragmentos. La cultura contemporánea está hecha de ellos. Somos fragmentos. La unidad de sentido solo es un espejismo. Tal vez por eso tu blog se titula El espejo de los sueños.

Setefilla Almenara J. dijo...

Un saludo para Joselu, me ha gustado mucho su comentario. Quizá lo que ocurra en tu fuero interno sea que quieres escribir una novela porque tienes la idea de que hacerlo supone el paso definitivo como escritor, bien de cara a ti mismo, bien de cara al lector. Sea así o no, la imagen que tengo de ti es que eres ya un escritor enorme, con gran poder de convocatoria lectiva, con una serie de personajes que ya has revelado y relacionado con el entorno la mar de interesantes y frente a los que uno quiere estar, llámense Emilio, o Antonio o Juan. Yo no echo de menos una novela tuya, pero poco importa lo que yo quiera de ti, aquí lo importante es esa inquietud tuya respecto de escribirla o qué.
Emilio, escribir cada día con la frescura con que lo haces y con esa riqueza de vocabulario es una proeza, ya quisiera yo.
Besos.
Sete.

Nefer Munguia dijo...

Es que como yo siempre digo, las cosas salen cuando tienen que salir, entre más se esfuerza uno menos salen... Así que un día tal vez te levantarás y dirás hoy si voy a escribir esa novela, y te pondrás a escribir como si no hubiera un mañana y taran! ya estará lista la novela.

Saludos y que la inspiración te acompañe

Alberto dijo...

Falta, lo que se dice falta no te hace. El blog cubre eso y más.
Yo entro a diario o casi a diario, y no hay día en que no me alegre.
Novela?
Anda ya...