8.2.15

El pájaro de fuego


Libros que compra uno en la creencia de que va a leerlos más de una vez, discos que reposan en las baldas y a los que no se acude, ni se miran siquiera, ni se cae en la cuenta de que una vez nos entusiasmaron y los poníamos con frecuencia, películas que no se van a volver a ver jamás, aunque se tenga la idea de que es posible, en fin, en una tarde invernal de brasero y de café, mientras afuera se obstina en invitarnos a que lo olvidemos y no pisemos la calle, ni haya vida más allá de la mesa camilla y de la pantalla de la televisión o del libro al que acariciamos el lomo y vemos con amorosa pasión la cubierta o el disco que suena de fondo, a un volumen muy discreto, pero tangible y cercano o amigos que hace años que no tratamos y de los que ya no poseemos nada más que recuerdos. Quizá la vida se pueda contar con lo que hacemos y con lo que no, con lo que decimos y con lo que callamos, con todo lo que una vez nos llenó y luego no volvió a rozarnos. Anoche volví a ver, en una balda que roza el techo, un libro de cuentos de Stevenson que me regalaron y del que, a trozos, disfruté mucho un verano. Lo bajé y leí, de pie, una de sus historias. No me senté siquiera. Pensé después en todos los cuentos - necesariamente cortos - que he leído de pie, en las librerías, en las bibliotecas. Curiosamente fue así como entré en Cortázar y en Borges. La literatura empieza de pie y luego, en ocasiones, ay, va muriendo de pie también. Razono a qué vendrá que lea ahora menos que antes, que vea menos cine o que escuche menos música. No es cosa que deba preocuparme. Sigo disfrutando cuando leo o veo cine o escucho música. Lo que lamento y a lo que no encuentro explicación es a que no sea el consumo masivo de antaño. Cosas de la edad, no sé. O de las ocupaciones, probablemente. Hoy, sin embargo, trasteando en el archivo antológico del Spotify he dado con Stravinski. Y la mañana, despachando cosas del trabajo, ha ido mejor. Se trata de que lo que pueda ir mejor, vaya. No es otra cosa. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una delicia leer este blog. He comprendido y compartido lo que dices. Tengo tantos libros en casa, míos y heredados, que no leeré NUNCA. Me apena, me hace sentirme mal, pero no encuentro vía para encontrar una solución.

Saludos.

María Martín Nogal

José Luis Martínez Clares dijo...

Leerte es explicarme. Coincido en todo. Menos en lo de Stravinski. Hoy será todo lo que haga. Y también lo que no haga. Un abrazo