13.5.14

De la escuela en su ángulo oscuro...

Bécquer no era idiota, ni Machado un ganapán, y por los dos sabrás que el olvido del amor se cura en soledad. A la poesía que nos enseñaron en la escuela vuelvo poco. Se mueve uno mejor en lo elegido, en los poetas que no han sido impuestos, sacados de un libro terrible, alimentado de preceptos y de teorías, destinado a sorberlo y a volcar después lo sorbido, no sabe uno para qué propósito. Porque los libros, en la escuela, en ocasiones, no son artefactos asombrosos, refugios del alma sensible, en fin, ya saben, todo eso. Está el libro todavía sin bendecir, maldito, arrojado al destino como un antídoto de una realidad que nos venden como si fuese un veneno. Lo que nos salva es que haya quien cuente bien a Bécquer puertas adentro, en una clase. No hay público mejor que éste. Se trata de venderles bien la moto, de explicarles la de cosas que pueden hacer cuando entiendan qué hace el arpa en su ángulo osucro, olvidada de su dueño, en silencio y sucia, dejando dormir sus notas a la espera de que la mano de nieve las conmueva y airee, y así también el genio duerme, como el arpa, como Lázaro, ya saben, esperando la voz que lo haga andar. Yo conozco a unos cuantos que venden arpas como Dios sus nubes. Yo no tuve quién me la vendiera bien. La adquirí después, en el mercado clandestino. Quién sabe si así no se aprecian más sus prodigios. 

3 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

A mí tampoco me la vendieron y aún ando descubriendo versos. Abrazos

Francisco Machuca dijo...

A mí lo que más me gusta de Bécquer son esos cuentos toledanos,porque Toledo es la ciudad donde siempre vuelvo,es mi lugar de peregrinaje por tantas cosas que no vienen hoy aquí a cuento,mi querido amigo. De Bécquer me gusta lo que dejaba escrito entre líneas en esos cuentos toledanos.Él iba solo por aquellos tiempos a la ciudad de Toledo.Recorría sus calles,las sentía,las repasaba piedra a piedra los domingos por la tarde.Y allí,en cualquier rincón,en cualquier banco solitario decía que a Toledo no había que tocarla ni una sola piedra,y después se ponía a escribir sobre venganzas canallas en cualquier esquina toledana.El Cristo de la Luz y los fantasmas del pasado,en fin,todo eso,y luego vendrían las oscuras golondrina.Bécquer anticipa a Cernuda;el poeta de la soledad y para los solitarios.

Abrazos mil

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

No soy un entendido en Bécquer, ni siquiera un lector voraz, pero he disfrutado mucho con su prosa, con alguna de su poesía, José Luis, Francisco. Tengo la idea de que hubiese sido una persona digna de conocer. Ya veis qué digo. Conocer a Bécquer, estando Kafka o Borges o Melville, pero Bécquer...