1.4.14

Díptico de uno de abril

Festejos de la edad
Uno cumple años un poco ya sin el afecto de antes. No porque no crea en las festividades o le desagrade que le tengan en tan alta consideración durante todo el día, sino porque los días van persiguiéndose y el del cumpleaños está ahí encajado, entre otros días de menos fuste, aplicado a la ceremonia de la rutina. Supongo que será en los cincuenta cuando escriba el texto definitivo sobre este asunto, pero ahora me apetece dejar uno más ligero, que no me obligue a encontrar las grandes palabras de la vida. No hay tales, creo. Vive uno como puede o como le van dejando, feliz sin grandes masas orquestales escoltando esa epifanía, comprendiendo poco a poco de qué va todo esto, sin entenderlo del todo, por supuesto. No se puede entender enteramente, no es posible alcanzar ese conocimiento, viva uno cuarenta y ocho o noventa. Lo hermoso, sin embargo, es ir cumpliendo años, ir dejando atrás estaciones, comprometiéndose con el futuro con planes pensados con esmero, aunque luego se cumplan poco o no se cumplan. Abro el día con el mismo espíritu con el que lo abrí ayer, el mismo que usaré mañana. Estos festejos de la edad apenas sirven para algo más que sentir la presencia de los tuyos, los que se acuerdan del día sin mirar el chivato del facebook y los que reparan en su existencia precisamente por él. Serán malos tiempos para la lírica, pero son los nuestros.

Un nuevo día
Salir por la mañana temprano, tirar la basura, comprar el pan, volver a casa despacio, morosamente, pensando en cómo irá el día, en qué argumentos se expondrá, si será fiero o se exhibirá con la dulzura con la que a veces suele, si reparará en lo frágiles que somos o si nos derrumbará a poco que le plantemos cara. Nada de eso sabemos cuando salimos por la mañana y tiramos la basura y compramos el pan. No entra en la previsión de consideraciones la de especular con lo que no podemos razonar. Espera uno, a lo sumo, la gloriosa venida de la rutina, que apacigua o que disuade. En todo caso, qué promesa de vida salir por la mañana, tirar la basura, comprar el pan, volver a casa despacio, morosamente, pensando en el día, en todo lo que el día encierra, en cuanto nos aguarda y no conocemos. 

5 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Pues muchas felicidades,amigo.Otra coincidencia;yo cumplo años en 15 de este mes pero como no tengo facebook nadie se entera.Como decía otro hermano mío,Julio Cortázar,que los aniversarios son un error en la estadística.A veces me siento joven y otras un centenario.Lo que sí es cierto es que cada vez me cuesta más levantarme de la cama.No veas,sacas una pierna y ya tienes frío.Te doblas para ponerte las zapatillas y los riñones no son lo que eran,en fin...y respecto a lo que dices en un nuevo día... Cortázar narra en una de sus historias de cronopios la portentosa odisea del valiente que abandona una tarde su butaca, desciende la escarpada escalera, desafía el tráfico de la calle, viaja hasta la esquina, compra el periódico y, navegando contra viento y marea, retorna triunfalmente al sillón de su Ítaca.

Abrazos mil fiel amigo.

María Teresa Arroyo dijo...

Yo cumplo años todos los días, festejo esa curiosidad del calendario. Me alegra vivir, cada día más, me alegra sentirme viva, cada día más. No está de moda, porque lo que está de moda es... quejarse. Tu texto es alegre, a pesar de que a veces vea que te pones triste porque los sensibles, en fin, somos tristes...
No lo seamos siempre.
Que el día sea hoy el mejor de los posibles, que te bailen...

Carmen Anisa dijo...

Feliz cumpleaños. Que sigamos haciendo por mucho tiempo esas cosas cotidianas y que disfrutemos de la vida como nos merecemos. Un abrazo y un baile a tu salud.

José Luis Martínez Clares dijo...

Se acaba el día y sin embargo ha tenido mucho de lo que nos anticipabas. Quién detiene esta rutina del crepúsculo. Abrazos

Isabel Huete dijo...

Pues feliz cumpledía! Quizá el paso de los días, vivirlos con sus amaneceres y anocheceres, sus besos y sus bofetadas, sea lo realmente digno de tener en cuenta. Un beso.