5.3.14

La noche lo alivia todo con su manto

Pequeña historia que se cuenta uno a poco de levantarse
Debieran enseñarnos en la escuela a salir al día con un corazón nuevo, pero se empeñan en ofrecernos cuentos del porvenir, atlas de grandes promesas, viejos poemas de amor en tardes grises. Podemos vivir sin un corazón nuevo, pero cuesta. Persiste el amor a las palabras, persiste la luz que las ilumina y con la que nos acercamos a una idea difusa de dios: no el dios de la misa y de los rezos sino uno más íntimo todavía, uno sin oratoria, del que podamos hacer burla cuando estamos sobrios y al que abrazarnos en la vuelta a casa, después de fatigar las tabernas de la vida y bebernos el bendito líquido de los afectos. Y los días duelen lo que suelen y las noches confortan lo que saben. Junto con el amor, debiéramos buscar también la esperanza. Tampoco nos enseñan en la escuela a llevarla bajo el brazo o en la cabeza o en un verso suelto de una canción o incluso en la fiebre incansable de la tristeza.

Cosas que se dicen cuando uno se acuesta
Hay que medir las palabras y luego volverlas a medir, esmerarse en la medida y luego pensar en si lo hemos hecho a conciencia, sin que falte una brizna de empeño, sin dejar que nos distraigan las cosas ni nos aparte de ese afán ninguna frivolidad de las que sabemos. Entrar así en la noche, buscar con fiereza su cobijo, razonar el tráfago del día, ingresar muy limpio en la dulzura del sueño. Y la noche lo alivia todo con su manto.

5 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

La dulzura del sueño... el descanso del guerrero. Ya deseo la noche siguiente. Un abrazo

Anónimo dijo...

Las palabras son las que hacen que el mundo siga girando, decías el otro día. Opino lo mismo, opino lo mismo. Son una maravilla las tuyas.

Diana

Anónimo dijo...

Las palabras son las que hacen que el mundo siga girando, decías el otro día. Opino lo mismo, opino lo mismo. Son una maravilla las tuyas.

Diana

Francisco Machuca dijo...

Mi querido Emilio a Gregorio Samsa, no le confunde su metamorfosis en artrópodo sino la angustia de no poder acudir ese día al trabajo, su obligación. Luego vino Nabokov,gran entomólogo,y en sus clases de literatura nos dice que estudiando en profundidad La metamorfosis descubre que el insecto descrito por Kafka tiene alas, pero el propio Samsa no lo sabe y no puede salir de su habitación volando y también evitar el trabajo,claro.
Ay,cómo te entiendo,amigo.

Fuerte abrazo.

Héctor Juárez dijo...

Es posible que no lo alivie todo, pero algo no dudo que hace. Se esconde la cabeza en el sueño como los avestruces en el suelo, para no ver los peligros. Es un acto de inteligencia. No de cobardía. El peligro siempre está, nunca se va, por mucho que le pongamos trincheras, el enémigo está ahí detrás.