13.5.13

Lecturas submarinas, lecturas celestes



 Dibujo: Slawek Gruca


No he leído nunca bajo el mar, pero no me han faltado ganas. No imagino otro refugio más placentero. Uso placentero en el sentido de placenta y de placer, de lugar en el que aplazarlo todo. Lecturas anfibias, textos submarinos. No he encontrado ninguna imagen en la que un astronauta, izado bien arriba, lea en la oscuridad primordial del espacio exterior. Lecturas siderales, textos celestes. Como ninguna de estas figuraciones de mi extravagancia libresca cae en lo razonable, leo en dondo suelo, que practicamente es cualquier lugar en donde haya un libro a mano y ganas de leer. Anoche, amodorrado, empastillado a causa de una alergia de caballo, leí a bocados, abriéndoseme y cerrándoseme los ojos, ocupado en no dormirme del todo, sintiendo que las letras pesaban y el libro (Los objetos nos llaman, Juan José Millás)  pesaba y el aire, alrededor, me hundía. Alguien me dijo el otro día que si la lectura era buena no se dejaba vencer por el sueño. Qué templaza. Qué gobierno del ocio. El mío es muy de arrebatos. El único problema de leer cuando el sueño te ronda es que se puede caer el ebook. Mi buzo, el de Gruca, no puede leer libros electrónicos bajo agua. Es una situación a la que la tecnología todavía no ha dado salida. El problema, no obstante, en el bendito libro físico,en el tangible, es cómo pasar las páginas con esos guantes. Me voy a trabajar.

6 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Bajo el agua estamos cuando trabajamos.Aguantando la respiración:La presión.El mundo extraño sin corales ni peces de colores.Eso sí,Nemo nos echa siempre una mano.No obstante,cuando leemos,por muy oscuras que sean las historias,lo hacemos siempre sobre una nube.

Abrazos mil.

A.L.M. dijo...
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Juan Herrezuelo dijo...

Sin embargo, estoy seguro de que alguien me leyó mientras yo flotaba en ese otro mar placentero –de placenta-, y forzando mucho la fantasía –pero mucho, oiga- soy capaz de recordar el sonido muy amortiguado de una voz acercándome hasta la posada del Almirante Benbow: tal vez por eso cuando yo leí “La isla del tesoro” a los diez años tuve un hipnótico déjà vu que me duró de la primera línea a la última.
Por demás, a pasar las páginas en el fondo del mar nos puede ayudar el aleteo acuático de un pez-auxiliar, pongamos por caso. Ahí también tienen ventaja las páginas de papel sobre las apantalladas.

José Luis Martínez Clares dijo...

Qué magnífica forma de definir la alergia: el peso sobre los ojos, sobre los actos. Se nota que la primavera nos lastra. Un abrazo polinizado

Belkys Pulido dijo...

Lo bueno es... entre los alérgenos soportamos los escurridizos, inmersos,zambullidos en el libro al lado de la cama, en duermevela se deja leer y al rendirnos, nos escribe.
Ya hay muy poco que realmente me sorprenda al leer, algo con pulso personal, auténtico y este espacio tiene no sé qué de tic tac, de latido, gracias por Compartir.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Leer es magia.
Cada uno la mira de una forma.
magia.