29.4.13

Ya no sabemos cuál es el peso del mundo




Uno nunca sabe dónde empiezan las historias. Si las arma el azar o es el capricho de quien las piensa el que las termina cerrando, convirtiéndolas en una pieza canjeable por otra pieza, en un sombra cosida a otra sombra. Lo que sé y a lo que me aferro más fieramente cada día es que las historias piden más historias. La mía, a poco que la pienso, es más triste ni peor que las otras. Quizá porque sea de mi incumbencia o porque es una sombra cosida a otra sombra o porque no quiere que la cierre, mi historia me conmueve cada día más. Tanto aprecio le dispenso que en ocasiones no la siento cosa mía y la miro desde afuera, com cortejándola, dejando que se me vaya colando, convirtiéndose en algo personal. Es curioso el modo en que nos comportamos con nosotros mismos. Estaría bien salir unos días, contemplar lo que es uno desde la periferia, regresar más tarde con la lección aprendida o con ninguna lección aprendida, yo qué sé, pero viajado. Debemos ser muy ridículos, imagino. Incluso debemos ser sublimes, en ocasiones. No veo la razón por la que no podemos brillar. A diario. Brillamos intermitentemente, a ráfagas. A veces lo hacemos a solas, al término del día, en la intimidad.

Igual las historias viven a salvo de los que las cuentan. Quizá el peso del mundo no sea el amor sino las historias. Las de amor. Las de sacrificio. También las historias en las que la muerte termine imponiendo su criterio bastardo. A cada novela que termino de leer (la última, Antigua luz, John Banville) pienso en qué sería del mundo sin que esa novela existiese. Si en el modo en que el mundo gira, hay una brizna de lo escrito por Banville. Si todo lo que somos, al morir, se pierde invariablemente. Cosas absurdas para estar cerrando un domingo. Mañana lunes, a poco que lo piense, lo razono a fondo, borro este post y cuelgo uno sobre el último disco de David Bowie. Lo tengo en el editor desde hace un mes y no encuentro el momento de darle salida.

3 comentarios:

Juan Antonio Ferrer dijo...

A mí me gusta menos Banville que Black, ya sabes. En realidad Banville me parece más meloso; sobre todo, muy meloso, a pesar de que escriba como los ángeles, en esta "Antigua luz" que acabas de leer y citas. Yo la leí, penosamente, deseando que acabara, la verdad. Hay poco tiempo en esta vida para casi todo y parece una incongruencia, un sinsentido, dedicar una parte a cosas que no nos gustan. Bastante nos obligan a hacer cosas que no nos agradan afuera como para que nos atormentemos con cosas de poca belleza o de poco entretenimiento. Me gusta tu blog porque es muy variado, aunque como con Banville hay cosas del blog que no me gustan, qué le vamos a hacer. Me gusta la variedad y la forma de escribir, que es fluida y es muy, muy adictiva. Se te lee con facilidad y eso que el tono, permíteme, es muy retorcido de cuando en cuando. Leí anoche cuatro o cinco post, a salto de mata, y todos me parecieron admirables, es cierto, pero tienden a mirar un lado gris de la vida que no me agrada mirar. Serán épocas. En mi vida, que ya roza la sesentena, he tenido épocas amables y otras, muy desgraciadas. No quiero leer cosas tristes. Por eso me gusta Black más que Banville. Tengo en la cabeza... un blog. Pero hay mucho bloguista bueno por ahí. Un saludo, Emilio Calvo de Mora. Tendrás mis cometnarios por aquí en cuanto uno me tire de la lengua... Un placer, sí, un placer.

Francisco Machuca dijo...

El peso del mundo o la insoportable levedad del ser. A mí me gusta mucho Banville,quizá tanto como Bowie,y sí,tengo su último disco,ay,Bowie,camaleónico,voz celestial y tipo que una vez se encerró en cierto laberinto para cantantar una canción de ensueño.No borres el post,amigo,no lo borres.Acto seguido pon a Bowie porque lo queremos todo.

Abrazos en este día de fuerte lluvia.

Joselu dijo...

He leído de Banville El Mar y la novela que citas Antigua luz. Disfruté mucho con su lectura. La relación erótica entre una mujer casada y un adolescente es magnética. Me pregunto si hubiera sido posible escribir una novela entre un hombre casado y una adolescente. Sí, ya me dirás que ahí está Lolita… pero me temo que estos tiempos moralistas ahora no lo permitirían. Un flujo de luz. A mí me gustó mucho Antigua luz. Se me hizo corta y el final sorpresivo es excelente.